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Cuando El Hambre Devora El Yo.

  La carne que comían era sabrosa, más sabrosa de lo que Maribel hubiera probado antes. Un sentimiento tenebroso surgió en ella:

  ?Podría comerme a todas las bestias del mundo?, pero rápidamente se detuvo, pensando en lo doloroso que es morir.

  Darle muerte a una bestia (más aún, una inteligente) por mera glotonería le parecía realmente abominable, tanto que casi deja de comer y escupe la carne, pero no pudo; el sabor era simplemente demasiado bueno, cosa que solo hacía que su culpa aumentara. Se sentía como si fuera un zombi desesperado por consumir al mundo.

  El pensamiento anterior le terminó por enfriar la mente.

  ?Esas dos bestias tenían físicos especiales, pues el jabalí era como el guardián del bosque, así que deberían ser una excepción.?

  Con ese pensamiento, Maribel logró controlar su corazón, el cual parecía estar más inestable de lo que ella misma conocía.

  Ese día el sol de la tarde era bueno; tras permanecer un tiempo bajo su luz, el sol se volvía plácido y complaciente, sin que sus rayos fueran muy candorosos. Además de la tranquilidad del lugar, la vegetación no muy frondosa y los aromas naturales del entorno, todo parecía hecho para la calma. Pero no lo era realmente.

  Maribel soltó un suspiro. El sol era realmente bueno hoy.

  ?El poder... sí que da miedo.?

  Sus compa?eros de al lado meditaban mientras ella vigilaba. No es como si pudiera hacer mucho más.

  ?Con este sello, meditar solo puede servir para la mente.? Pensó con un puchero.

  Una voz se infiltró en sus pensamientos.

  [Anfitriona se ha elevado espiritualmente.] dijo el sistema con voz monótona.

  —?Qué más da si me elevo espiritualmente? Mi cultivo no se mueve.

  [La anfitriona tiene el límite de su cultivo ligado a la unificación de su ser con las características cósmicas. Lo más cercano al cosmos entero que la anfitriona tiene es el séptimo universo donde se encuentra.]

  Maribel levantó una ceja.

  —?Eso significa que si me elevo espiritualmente, mi límite de cultivo aumenta?

  [Error… procesando… error, espere un momento, analizando… —El sistema se quedó en silencio un minuto entero—. La anfitriona tiene un desvío de entendimiento. Las palabras pueden ser las mismas, pero el significado interno que les da la anfitriona está completamente desviado.]

  —Eso... no me sorprende... realmente nunca le presté atención a esas cosas. ?Cómo aumenta mi límite de cultivo? El sistema… bueno, quien te creó, antes me dijo que su método de cultivo tiene ese poder y que estaba aumentando mi límite en el periodo en que no puedo cultivar.

  [El responsable del sistema se refiere a la capacidad del ser humano de asimilarse a las características cósmicas, lo que normalmente predispone a comprender el cielo y finalmente ser uno con el universo. En niveles más altos, la persona se unifica con el cosmos mismo…]

  Un silencio incómodo se instauró. La frase pareció cortarse mientras Maribel estaba pensativa, con la mirada al aire. Tras un momento, el sistema volvió a hablar.

  [Error, fallo de entendimiento, buscando reorganizar explicación —El sistema se quedó en silencio mucho más tiempo—. No se puede explicar. La anfitriona está muy lejos en su comprensión.]

  Maribel no sabía qué pensar.

  ?Nunca me habían llamado tonta de manera más cruel que esa… bueno, en realidad sí: cuando era interna apenas.?

  Sus compa?eros habían terminado su sesión. Sin decir nada, se acercaron a la carne.

  Maribel respiró profundo para llenarse del tranquilo entorno. Luego continuó con su comida, algo reticente a comer al principio por el efecto casi narcótico de la carne, pero más accesible después, luego más voraz, hasta que se detuvo de nuevo a pura fuerza de voluntad.

  ?Nunca había comido algo tan delicioso, y nunca me habían torturado con algo tan bueno?, pensó, con el corazón tembloroso por la sensación de perder el control.

  Ella podía imaginarse a sí misma como una carnicera comiendo a los animales cultivadores, pero lo que le llenaba de pavor era que, debido a su habilidad, había logrado entender a esos mismos animales y verlos como seres muy similares a los humanos, incluso algunas especies siendo casi iguales.

  Se imaginó una figura humana, contrapuesta con la pantera.

  ?Ambos tienen conciencia...?

  Se estremeció.

  ?No, no debo ser como esa alma naciente.?

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  Volteó ligeramente, cuando miró a sus compa?eros comer, vio lo que más temía: era como si estuvieran dispuestos a comerlo crudo si era necesario, voraces e insaciables, realmente como si viera un círculo del infierno donde caen los glotones.

  —Nunca más volveré a comer a las bestias que cultivan —dijo. Casi no lo termina de decir porque ya se estaba llevando la carne a la boca. Pero resistió y la tiró por el acantilado. Se estremeció visiblemente, con un escalofrío que le erizó el cuero cabelludo.

  Acto seguido, volcó el resto en un impulso de terror. Eso le valió una pelea con todos contra ella.

  El trozo de carne aún caía cuando el sonido seco de su impacto contra las rocas retumbó en el fondo del acantilado. Por un instante, solo hubo silencio.

  Luego, el aire se rompió.

  —??Qué demonios haces?! —rugió Richard, su voz impregnada de una furia desmedida.

  El qi alrededor vibró, distorsionando la luz; sus ojos parecían tener un reflejo rojizo.

  Amara se puso de pie con el ce?o fruncido, el aura celeste de su cultivo filtrándose sin control.

  Sofía, en cambio, no dijo nada: sus manos temblaban, apretando los pu?os, la mirada fija en el vacío donde había desaparecido la carne.

  Maribel se incorporó lentamente, con una calma tensa, el viento agitándole el cabello.

  —No podía dejar que siguiéramos comiendo eso. Mírense... apenas pueden contenerse.

  —?Eso no era tu decisión! —gritó Amara, dando un paso al frente.

  El suelo bajo sus pies se resquebrajó, su qi serpenteando como luz líquida.

  Richard desenfundó su espada, el filo exhalando vapor espiritual. —Te estás comportando como si fueras nuestra maestra. ?No lo eres!

  El aire se volvió pesado. Incluso las hojas temblaban, susurrando como si el bosque temiera intervenir.

  Maribel no respondió. Cerró los ojos y respiró profundo. El sello interior zumbó, ardiendo en su pecho, impidiéndole canalizar qi. Aun así, su cuerpo se movió: instinto puro.

  El primer golpe vino de Richard. La espada descendió con violencia, pero Maribel giró apenas a tiempo, el filo rozándole la mejilla y abriendo una línea carmesí. Usó el impulso para impulsarse hacia adelante, golpeando con la palma en el abdomen del hombre. El impacto sonó como un tambor hueco; Richard retrocedió varios pasos, pero su mirada se mantuvo vacía, enceguecida por la rabia.

  Amara levantó la mano, formando un círculo de luz dorada.

  —?Sello de contención! —gritó.

  Maribel lo esquivó por un pelo. El círculo chocó contra el suelo, dejando una marca ennegrecida.

  —?Están locos! —gritó—. ?Esto podría matarme!

  Aether, quien parecía a punto de pelear contra Maribel, frenó en seco. Se quedó mirando el evento con confusión.

  Sofía por fin se movió. Su lanza silbó en el aire, veloz y precisa. Maribel la desvió con el antebrazo; el metal rozó su piel y arrancó un hilo de sangre. Pudo sentir cómo algo quería infiltrarse y debilitarla tras el golpe, pero ella no tenía puntos débiles: todo su cuerpo se cultivaba sin dejar espacio fuera. La mirada de Sofía era vidriosa, como si algo dentro de ella ya no la escuchara.

  Maribel retrocedió unos pasos, sin dejar de observarlos. El qi de los tres estaba desbordando.

  El sistema habló en su mente:

  [Anfitriona, ellos están fuera de sí. Una inspección a sus corazones revela que a este paso te comerán a ti en lugar de a la bestia.]

  —Entonces… —murmuró ella, levantando la mirada— no me dejan otra opción.

  El sello del pecho ardió, liberando una ínfima cantidad de energía. Era doloroso, pero suficiente. El suelo se agrietó bajo sus pies y el viento giró en espiral mientras sus atacantes se posicionaban.

  Richard cargó primero. Maribel esperó. Cuando el golpe descendió, ella lo bloqueó con el antebrazo y giró su cuerpo, usando la fuerza del impacto para lanzarlo contra Amara. Ambos chocaron, derribando ramas y levantando polvo.

  Sofía intentó aprovechar el momento, lanzándose hacia ella con un grito seco. Maribel la esquivó y, con un movimiento fluido, tocó sus meridianos con la punta de los dedos: una interrupción breve, un golpe de precisión médica.

  Sofía cayó de rodillas, jadeando, el qi desordenado desvaneciéndose como humo.

  Maribel retrocedió hasta quedar a la orilla del acantilado.

  —Si quieren matarme, háganlo. Pero miren primero sus propias manos. —Su poder de controlar conceptos funcionó al máximo para liberar sus mentes.

  Richard se detuvo a medio paso. Amara parpadeó. La furia en sus ojos se disolvió por un segundo… y entonces lo vieron: sus dedos manchados de sangre seca, sus auras aún te?idas de la determinación de matar.

  El silencio volvió, espeso.

  Maribel respiró con dificultad, sintiendo el pulso acelerado. Su corazón dolía, pero más por lo que había visto que por los golpes.

  —Esto… es lo que la carne hace —susurró—. Si hubiéramos seguido comiendo, ya no seríamos nosotros.

  Amara soltó la lanza y cayó de rodillas. Richard miró sus propias manos como si fueran ajenas. Sofía, aún temblando, susurró:

  —Casi… te matamos.

  Maribel sonrió con alivio.

  —Entonces sobreviví.

  El viento se llevó el resto de las palabras, y durante un rato solo quedaron los cuatro, jadeando entre las brasas de una pelea que ninguno quiso empezar. Pero aunque la comprensión se asentó, la claridad no había llegado completamente. El enojo seguía volviendo por momentos. Finalmente se calmaron un poco; incluso Aether había parecido confundido sobre si atacarla o no, y aunque no lo hizo, el solo hecho de considerarlo ya era algo terrible.

  ??Qué diferencia tengo de su mamá ahora mismo? Por esa carne él considera atacar a su madre…?

  El sistema respondió, su voz humana.

  ?Tenebroso ?Verdad? A mí tampoco me agrada la idea de que aquellos que no están listos prueben algo como esto.?

  La persona detrás del sistema delataba que no estaba nada satisfecho con la situación actual, su calma perturbada como pocas veces.

  Maribel suspiró y contempló el lugar.

  ?Si no fuera un entorno calmado y tus emociones compartidas directamente hasta mí, tal vez no me hubiera dado cuenta y estaría devorando al animal incluso crudo ahora mismo?, pensó. ?Esta vez tuve suerte.?

  Maribel se dio la vuelta y rega?ó:

  —No se enojen más. En lugar de hacerlo, es mejor si se miran ustedes mismos —dijo mientras apuntaba a la ropa de sus compa?eros—. Tienen sangre seca pegada; ni siquiera esperaron a que se cocine la carne y ya la comían cruda antes de meditar... Y véanse lo rabiosos que son, incluso tú, Aether —apuntó al ni?o lobo con expresión sombría—. ?Realmente consideraste atacarme? Eso es temible, que por culpa de esa carne nos pongamos así... ?Qué pasa si nos convencemos de quedarnos aquí y masacrar a todas las bestias con cultivo? Podríamos... no, ?definitivamente nos encontrarán! Así que déjense de estupideces y compórtense todos.

  Las miradas se agudizaron, pero desviaron los ojos.

  Richard suspiró.

  —El Dragón Rojo no tendrá piedad, porque después de todo ocultamos a un semihumano.

  Sopló desde el este, trayendo un aroma limpio, como si la tierra respirara aliviada. Las brasas que aún quedaban en el suelo parpadearon una vez y luego se apagaron sin humo, dejando solo un leve resplandor que se desvaneció con el crepúsculo. Temblaron y miraron al horizonte. Nadie dijo nada, pero todos lo sintieron: alguien había estado observando. No sabían si era el espíritu que acompa?a a Maribel o el mundo mismo.

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