En el cielo podía verse un entorno que uno normalmente no contemplaría: la vista aérea del mundo.
Nubes abajo, nubes arriba. Y una infinita extensión azul. Hermosa de observar, pero también tenebrosa.
Maribel extendió la vista y pudo tocar con la mirada aquella vasta extensión de espacio, sin nada que la restringiera.
Sus ojos se desorbitaron por un instante. Perdió el equilibrio. Una sensación de peque?ez inundó su corazón, como si fuera una hormiga a punto de ser aplastada por el cielo.
Dejó de gritar y guardó silencio, tensa y temblorosa, como si el cielo fuera un depredador que pudiera notarla y aplastarla.
Aether, en cambio, tenía una sonrisa de oreja a oreja. Para él era prácticamente un patio de juegos. Miraba el horizonte, la gran extensión de vacío. Sus sentidos lo fascinaban, mostrándole todo a su alrededor en trescientos sesenta grados. Nunca se había sentido más libre.
El sol fulguraba sobre sus cabezas, pero las antiguas huellas del arduo trabajo y la exposición al sol habían desaparecido. El bronceado ya no mostraba rastro alguno.
Maribel miró al sol con dificultad. Una ligera sonrisa se formó lentamente.
—Maestro del Pico Espiritual de la Luna Reflejada, ?sabe cómo funciona el sol? —preguntó Amara.
—Sí —respondió, mirando al sol—. De un vistazo se puede comprender. El sol es similar al fuego, pero en el espacio. ?Alguna vez te has preguntado por qué el fuego arde con más fuerza cuando soplas lo suficiente?
—No. Simplemente es así como funciona… así que no lo sé.
—Está bien. La razón es que en el espacio existe un tipo de “aire” que permite el fuego del sol. —Suspiró—. Incontables a?os atrás, antes de que el cielo abandonara este mundo, muchos grandes maestros descendían de los cielos. —Un destello de fascinación cruzó su mirada—. Proyectaron sus espíritus y viajaron durante largos a?os hasta llegar al sol. Dijeron que su fuego eran explosiones capaces de aniquilar continentes enteros.
Una sonrisa rígida se formó en su rostro.
Amara miró al sol con nuevos ojos, tragando saliva con dificultad. Aunque apacible desde la tierra, resultaba ser mucho más poderoso de lo que había imaginado.
—El sol… ?no nos atacará, verdad?
Nadir se aclaró la garganta.
—Bueno… hay rumores. Dicen que cuando el mundo deba ser consumido y creado de nuevo, el dios del sol descenderá de los cielos y devorará la tierra. Pero son solo rumores; nadie puede afirmarlo realmente.
—Nadir —llamó Maribel—, ?el sol realmente tiene un dios?
—Así lo dicen los mitos. Y se dice que, si acaso lo tiene, es uno de los primordiales: aquellos que existían antes de que los cultivadores apareciéramos.
Maribel miró al sol con calma.
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?Cuando el sol explote, la vida no podría existir en el mundo. ?Para qué preocuparse??
Lo contempló durante un rato.
?Las explosiones son internas, pero la luz es externa.?
Levantó una ceja. Una sonrisa traviesa se formó.
—Nadir —lo llamó de nuevo—, ?sabes qué crece hacia adentro y también crece hacia afuera?
Nadir pensó largo rato. Luego giró la mirada hacia el sol. Abrió la boca, a punto de responder, pero un brillo cruzó sus ojos. Se detuvo. Pensó con detenimiento. Poco a poco, sus ojos se abrieron más y más, hasta que su expresión quedó congelada en sorpresa. Miró a Maribel con significado.
—Tú…
Maribel ladeó la cabeza, confundida.
??Tal vez dije algo malo??
Una sonrisa sincera apareció en el rostro de Nadir.
—Eres más sabia de lo que imaginé, peque?a. Te agradezco esta oportunidad. De verdad tienes mi gratitud.
Ahora Maribel estaba completamente confundida.
??Acaso sí lo entendió??
[Afirmativo. Nadir entendió parcialmente el significado.]
Maribel tembló. Tomó aire con fuerza. Su percepción táctil se agitó cerca de Nadir. Apretó los dientes y retrajo sus sentidos.
?No. Sería irrespetuoso invadir su mente.?
Soltó un suspiro tembloroso.
?No solo sería peligroso, sino también inútil. El sistema ya dijo que no importa si recibo una explicación: requiero iluminación.?
—Entonces… entendiste algo —sonrió Maribel, derrotada—. Bien por ti. Pero te aseguro que eso no es todo lo que hay.
Nadir soltó una carcajada franca.
—Eso es obvio, jovencita. —Frunció ligeramente el ce?o—. Pensar que me compartiste algo de iluminación… tienes un corazón muy honesto. No deberías regalar esto sin más.
Miró el horizonte por un momento y negó con la cabeza. Su tono se volvió más oscuro.
—?Sabes? Ese discípulo del que te hablé era así. Sufría mucho. —Admitió—. La gente rara vez valora lo que recibe con facilidad; incluso intentarán aprovecharse.
El viento agitó el cabello de Maribel. Bajó la cabeza con tristeza.
—Gracias por el consejo.
Una sonrisa amarga apareció en su rostro.
?Ya lo sabía. Solo intentaba bromear… y aun así me regalas esta amabilidad.?
—Por cierto —a?adió Nadir—, no podemos arriesgarnos a perder a cuatro discípulos tan prometedores.
Mostró un amuleto dorado. Sus delineados formaban una flor hermosa; los trazos eran tan finos que solo podían apreciarse de cerca.
—Es para el peor de los casos. Sé que vienen conmigo y se sienten seguros, pero la secta debe conferirles igualmente un artefacto que salve vidas.
Richard, que estaba justo detrás de Nadir, tomó el amuleto.
—?Qué es lo peor que podría pasar? —dijo con diversión—. Está usted, y además solo son bestias espirituales. No creo que necesitemos usarlo. Aun así, se lo agradezco de corazón.
Maribel lo miró con una expresión oscura, casi acusatoria.
—En las historias de donde vengo, siempre que alguien presume lo seguro del viaje… termina siendo un gafe.
Richard guardó silencio un instante. Luego sonrió con nerviosismo.
—Espero que no sea así.
El viento silbó en sus oídos. Luces amarillas flotaban bajo las nubes. El agua en su interior era casi tangible; se cubrieron la nariz para respirar hasta atravesarlas.
Amara miró la luz bajo las patas del avestruz y suspiró.
—Bueno… sé que es un poco tarde para decirlo, y nunca se los mencioné, pero yo también estuve practicando algo.
—?Qué cosa? —preguntó Maribel.
Amara sonrió con confianza.
—La última vez que peleamos me dejaste sorprendida, así que quise contrarrestar tu poder aprendiendo nuevas habilidades. —Suspiró, resignada—. Solo comprendí un poco de precognición. Así que cuando intentes quitarme el equilibrio o la coordinación, lo sabré de antemano y evitaré tu mirada. El próximo duelo será mi victoria.
Maribel sonrió.
—?Sabías que hasta ahora nunca he usado todo mi poder?
Amara se congeló, esperando que fuera una broma.
Maribel acomodó su cabello y apuntó al rostro de Amara.
—Siempre lo uso a través de la mirada, pero me di cuenta de algo: los símbolos y los signos lo volverían mucho más poderoso. Incluso los hechiceros mortales, con formaciones complejas, pueden enfrentarse a cultivadores.
Los ojos de Amara se entrecerraron.
—Espero que nuestro próximo entrenamiento se posponga un poco.
Maribel sintió una peque?a dicha al presumir.
Finalmente, tras media hora, llegaron al otro extremo del reino. El viaje había sido rápido… demasiado rápido. Aquella avestruz volaba a una velocidad absurda.

