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Fase Inicial (Parte 3): Sentencia de Muerte

  8 de enero de 1980

  Las esperanzas de que alguien llamara eran pocas. Mi vida siguió su transcurso normal viendo la flor; se encontraba marchita. En la universidad solo quedaban dos semillas que eran poco probables de germinar.

  Solo había una muestra en la caja fuerte. De todos en el laboratorio, los únicos que sabíamos la contrase?a éramos Oleg y yo. Estaba casi cien por ciento seguro de que él la tomó. Cuando pregunté a los compa?eros, solo sabían que Oleg había abierto la caja y sacado una muestra. No sospeché hasta que lo vi hablando con aquel hombre de traje.

  Unas horas después, cuando estaba de regreso en mi casa, llegó una carta. Decía que el proyecto era prometedor, que deseaban experimentar con él y que necesitaban personas capacitadas. Me citaban en la ciudad de Muzkan para hablar sobre el "Proyecto Sever". Aunque sentía felicidad, sabía que era peligroso seguir experimentando con el Agent-0.

  Aunque mencioné el nombre del Agent-0 en la prensa, nunca hablé del Proyecto Sever, que era el nombre que le habíamos puesto Oleg y yo. Supe en ese instante que Oleg habló de más. No sabía que confiar en él sería la peor decisión de mi vida.

  10 de enero de 1980

  Llegué a las dos de la ma?ana a Muzkan. Pasé horas buscando el lugar de la cita, pero no lograba ubicarme. A las cinco de la tarde llegué a la ubicación: un edificio peque?o en construcción.

  Oleg habló primero, mencionando lo maravilloso que era tenerme de asistente; decía que sin mí el proyecto no avanzaría. Traté de corregirlo, pero no dejaba espacio para hablar. Maksimillian Volkov fue el nombre con el que se presentó aquel hombre de traje. La única expresión en su rostro era de confianza total en lo que decía Oleg. Hablaba maravillas del proyecto y de cómo ayudaríamos a las personas.

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  — Se?or Yuri, Oleg habló muy bien de usted y de su trabajo como su ayudante. He decidido que merecen más financiación, así que, si firma este documento, será trasladado a las instalaciones del Monte Karzovik —anunció Maksimillian.

  Traté de dialogar una vez más sobre el hecho de que yo estaba al mando y lo peligroso que era el patógeno, pero Oleg no me dejaba hablar. Mi moral y ética me decían que debía aceptar el contrato para vigilar qué pasaría con el Agent-0. Terminé aceptando.

  Maksimillian sacó de su maletín el contrato. Lo único peligroso era que no se permitía hablar nada o se pagaría con la muerte. Dudé; mi vida no valía los mil navores que pagaban, pero terminé firmando.

  Una vez firmado, nos escoltaron hasta un helicóptero Mi-8 para trasladarnos al Monte Karzovik. En el camino no pude dormir; la ansiedad era mucha, mis manos temblaban y sudaba demasiado. Había firmado una sentencia de muerte. A lo lejos vi unas luces guiando el aterrizaje. ?Allí estaba todo el equipo? Había diez personas esperándonos; los habían contratado antes que a mí.

  27 de febrero de 1980

  Se experimentó con ratones, conejos, perros y monos. La agresividad era la misma en todas las especies, con la diferencia de que los animales más grandes sobrevivían más tiempo.

  En los monos el efecto era aterrador: al morir, volvían a la vida con más agresividad. En los conejos, el virus aceleraba su apareamiento; se les esterilizó a todos, pero ya había más de treinta. En los perros, el resultado era igual al de las ratas: espuma mezclada con sangre.

  Todo se estaba saliendo de control. Busqué a Oleg para que hablara con Maksimillian y cancelara el proyecto, pero no me hizo caso.

  — ?Las jaulas son un matadero! —le grité. — Se están matando unos a otros, por eso fueron separados —respondió él fríamente mientras seguía su camino.

  Me apartó la mano del hombro y supe qué tenía que hacer. Nadie me ayudaría. Aproveché que el helicóptero estaba solo y busqué el manual para aprender a pilotarlo. Tenía que salir de esa instalación y contar la verdad.

  ESTADO DEL EXPEDIENTE: CERRADO

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