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Capítulo 3: Ecos del pasado

  Al abrir los ojos, Elyndra descubrió que yacía en un lugar desconocido. No era la casa donde los habían emboscado, sino las ruinas de otra ciudad, donde el hielo se extendía implacable, consumiéndolo todo. Incapaz de moverse, su mirada se posó en lo que parecía ser una planta de proporciones colosales, atrapada bajo el mismo hielo que lo devoraba todo.

  Entonces, una sensación gélida la invadió, comenzando en sus pies y ascendiendo lentamente hacia su cabeza. Justo antes de que la inmovilidad la alcanzara por completo, alcanzó a ver la figura de un hombre con espada en mano, a punto de ejecutar a otro que yacía arrodillado. La escena se grabó en su mente con una intensidad perturbadora. Y de repente, despertó.

  Elyndra se encontró atada de pies y manos. Nyra, ya consciente, hablaba con uno de sus captores.

  —Es por eso que estamos aquí —decía Nyra, con la voz contenida, nerviosa pero intentando mantenerse firme—. No sé cómo probarles que no somos parte del Búho de Hielo. Venimos en nombre de ella...

  —Entiendo lo que dices, pero debemos esperar a Drunken para decidir qué hacer con... —La desconocida fue interrumpida por la llegada de otra figura, que entró apresurada y visiblemente alterada.

  —?Yo digo que los matemos ya! No se ven confiables. ?Y si traen más? ?Y si su líder los sigue? ?Ya perdimos a Othriel, no podemos arriesgarnos a más bajas! —protestó, moviéndose con ansiedad. Su compa?era permanecía impasible, acostumbrada a sus estallidos.

  De pronto, un portazo en la planta baja retumbó por toda la estructura.

  —?Les dije que no era necesario desmayarlos a todos! Pero nadie me escuchó, y ahora tenemos a cuatro jóvenes atados e inconscientes... —protestó otra voz femenina, visiblemente nerviosa.

  Las dos captores se inmovilizaron. Se pusieron de pie y aguardaron. Un hombre de edad avanzada fue el primero en subir las escaleras, seguido de una joven que observaba la escena con inquietud. El silencio se apoderó del lugar. El hombre inspeccionó con la mirada a cada uno de los presentes, hasta detenerse en Eldric y Shaknir, aún inconscientes. Se acercó a ellos, les tomó el pulso y suspiró.

  —?Quién es Eldric? —preguntó, sin mirar a nadie en particular.

  —Es a quien está revisando en este momento —respondió Nyra, aún confundida.

  El hombre comenzó a desatar a los jóvenes, luego se volvió hacia Nyra y Elyndra para hacer lo mismo.

  —Hablaré con ustedes tres más tarde. Por ahora, lleven a esos dos a un sitio donde puedan descansar. Curen sus heridas y devuélvanles sus pertenencias —ordenó con calma. Las chicas asintieron y se llevaron a los inconscientes a otra habitación.

  El hombre, ya más tranquilo, se dirigió a las dos muchachas con un tono sereno.

  —Lamento lo sucedido. Ellas son muy protectoras. No estuve presente para impedirlo. Pero necesito saber algo. ?Dónde está Elira?

  Salió de la habitación sin esperar respuesta, conduciéndolas hasta un comedor donde se sentó.

  —Venimos de parte de Elira. Nuestra aldea fue atacada por el Búho de Hielo y escapamos gracias a ella. Nos dijo que alguien nos esperaría aquí. Fueron sus últimas palabras —dijo Nyra, con voz quebrada.

  El hombre quedó en silencio. Sus manos temblaban levemente, el dolor en su expresión era genuino.

  —Lo siento profundamente. Me llamo Drunken. Fui su... amigo en la juventud... Su pérdida me duele tanto como a ustedes. Pero no es momento para el lamento. Elira habría querido que actuáramos. ?Alguna vez les habló de los vestigios?

  Las chicas intercambiaron miradas confundidas.

  —Hace mucho, encontramos un libro. Narraba una historia antigua: un poder tan vasto que debió ser dividido en tres fragmentos —continuó Drunken—. Un hombre, un animal... y la muerte. Al principio lo tomamos como una fábula. Pero no era ficción. Y ahora sabemos dónde buscar.

  Elyndra y Nyra escuchaban incrédulas. ?Cómo era posible que Elira jamás les hubiera hablado de esto?

  —Sé que suena anormal. Pero por ahora, quiero ofrecerles refugio. Lo necesitarán —a?adió con sinceridad.

  —?Qué es este lugar? ?Por qué está tan desolado? ?Son los únicos que viven aquí? —preguntó Elyndra, abrumada.

  Drunken se limitó a observarla con gravedad, pero no tuvo tiempo de responder. Un estruendo arriba los interrumpió.

  Eldric acababa de despertar. Se levantó con sobresalto, tropezando con las dos jóvenes que ahora tenían los rostros descubiertos.

  —?Aléjense de mí! —exclamó, agitado.

  —?Ya dijimos que fue un malentendido! ?Por favor, cálmate! —intentó Almira.

  —?Y si no te calmas, te damos otro golpe! —gru?ó Serwin, menos paciente.

  Shaknir apareció en la puerta y soltó una breve risa.

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  —Eldric, si quisieran hacernos da?o, ya lo habrían hecho. Compórtate como el mayor —le dijo, con tono serio.

  Eldric, finalmente, cedió. Fue al comedor en silencio.

  Allí, las chicas le contaron lo ocurrido. Mientras Eldric expresaba la misma confusión que ellas, Shaknir permanecía extra?amente impasible. Nyra lo notó. ?Acaso él ya sabía algo?

  —Debo presentarles a las chicas —dijo Drunken—. Ellas son Almira y Serwin, gemelas idénticas salvo por el carácter. Y ella es Lirael. Más grande que ellas, pero muy unidas.

  Las tres se levantaron al oír sus nombres. Lirael se mantuvo en silencio, observando con atención.

  —Tenemos dos pistas. Una está en una cueva cercana, custodiada por bestias. La otra está en Xarkal, donde Othriel fue por la segunda. Perdimos contacto hace dos semanas. Lirael irá a buscarlo con otra persona... y necesitamos dos voluntarias más. Dos mujeres, específicamente.

  Drunken desenrolló un mapa sobre la mesa. Era la primera vez que veían algo así. Elyndra no pudo apartar la mirada de una zona marcada con una planta en su centro: Nhalmar.

  —?Qué es este lugar? ?Por qué una flor? ?Qué significa? —preguntó con un presentimiento extra?o.

  —Nhalmar. Ciudad perdida. Como esta —respondió Drunken—. Nadie vive allí.

  —Eldric y Shaknir irán con las gemelas a la cueva. Elyndra y Nyra, con Lirael. No hay tiempo que perder.

  —?Por qué dividirnos así? —intervino Shaknir—. Elyndra puede ir conmigo, y Eldric con Nyra. No entiendo la lógica.

  —Porque van a Xarkal —explicó Lirael, con voz firme—. Ciudad de apuestas, codicia y entretenimiento. Para rescatar a Othriel, necesitamos infiltrar su zona exclusiva para mujeres. Mientras ustedes crean una distracción, mi compa?ero y yo iremos por él.

  Nadie respondió. Finalmente, Drunken se levantó.

  —Descansen. Ma?ana parten.

  La sala quedó en silencio. Almira y Serwin se retiraron. Lirael se despidió amablemente:

  —Lamento lo de antes. No confiamos fácilmente. Si necesitan algo, estaré en la cocina.

  Elyndra miraba el mapa. Sentía que Nhalmar la llamaba. Eldric, aún avergonzado, mantenía la mirada baja. Shaknir y Nyra parecían perdidos en sus pensamientos.

  —Elira confió en Drunken. Esta vez no nos tomarán por sorpresa —dijo Eldric, rompiendo el silencio—. Estamos entrenados. Estaremos bien. Lo prometo.

  Y por primera vez en mucho tiempo, esas palabras sonaron verdaderas.

  Mientras tanto, Drunken permanecía inmóvil frente a una estatua convertida en hielo, como todo lo demás en la ciudad. La noticia de la muerte de Elira lo había impactado profundamente, y luchaba contra los pensamientos que lo atormentaban, diciéndole que era su culpa.

  —Lamento mucho que terminara así, Eli. Pero prometo vengar tu muerte. Mataré a todos los que te hicieron da?o, a quien sea que esté causando todo esto. Ahora que sé sobre este poder, no dudes que lo usaré para lograrlo. —murmuró, derrumbándose finalmente ante la estatua. Las lágrimas corrían por su rostro mientras recordaba los momentos compartidos con ella y el día en que ella se alejó, llevándose consigo la esperanza de un futuro mejor. El dolor intensificó sus pensamientos vengativos. ?Por qué la atacaron a ella, que solo buscaba la paz? Por qué no a él, que había frustrado tantos planes del Búho de Hielo?

  Entonces, recordó algo importante: los amuletos que Elira poseía, que quizás fueran la clave para cambiar el mundo. Justo en ese momento, Almira se acercó, notando su estado y queriendo consolarlo, pero él la detuvo con una mirada, pidiéndole silencio.

  —?Encontraron los amuletos entre sus pertenencias? —preguntó con voz firme. El momento para el dolor había terminado; era hora de actuar.

  —Uno lo tiene el chico de cabello oscuro. El otro... la chica mas alta. Irradia algo más fuerte.

  Drunken asintió.

  —Entonces ya sé por qué dividirlos. Aun así, vigílenlos. Si Elira los envió, los protegeremos.

  Horas después, en otra habitación, Almira y Serwin preparaban el equipo.

  Eldric eligió una espada recta y un escudo dentado. Shaknir tomó una espada corta y una ballesta peque?a. Nyra, dos espadas ligeras, ideales para su estilo veloz. Elyndra observó en silencio. Eligió dos dagas curvas. Pero antes de marcharse, una espada en una repisa llamó su atención. La tomó. Vibró ligeramente en su mano. No supo por qué, pero la guardó.

  Y al fin, lo que parecía ser un día eterno tuvo su cierre, cuando el último rayo de luz se despidió del horizonte. La noche cayó sobre la ciudad olvidada, y uno a uno, todos buscaron descansar. Todos, excepto Nyra quien se encontraba fuera de la casa, sentada en uno de los escalones de piedra cubiertos de escarcha. Desde que llegaron, una duda la había acompa?ado con persistencia: Cómo es posible que en este lugar el frío no sea tan invasivo? Ya era madrugada, y aunque el aire era fresco, no era ni de cerca el clima cruel que conocía.

  Pero no era su única pregunta. Otra inquietud la carcomía con mayor fuerza: Shaknir sabía ya sobre los vestigios?

  —También te preguntas por qué no hace un frío mortal a estas horas, no? — Dijo una voz a su espalda.

  Nyra no se sobresaltó. Era Shaknir. Había salido de la casa sin hacer ruido, como si la hubiera sentido desde dentro.

  —Realmente no entiendo todo lo que pasa, pero sé que tiene algo que ver con Drunken —Continuó sentándose junto a ella— No eligió este lugar al azar como su refugio, hay algo mas que los protege pero...No lo sé, no pienso mucho en eso.

  Nyra lo escuchó en silencio, pero sus pensamientos ya volaban hacia otros temas.

  —No es solo eso —susurró ella, mirando al cielo despejado— Desde hace un tiempo he notado algo. El frío... ha comenzado a disminuir. Antes necesitábamos mantener la aldea caliente a toda costa. Gente se sacrificaba por un poco de combustible. Y ahora... el trayecto hasta aquí fue más fácil de lo que debería. Algo está pasando, Shaknir. El mundo... tal vez se está descongelando.

  él no respondió de inmediato. Solo asintió lentamente, como quien también lo había pensado, pero aún no encontraba forma de decirlo.

  Entonces Nyra decidió que era momento de hablar.

  —Tú ya sabías sobre los vestigios? Por qué Elira te confió el vehículo mientras estábamos acorralados? Ni siquiera nos dio tiempo de hacer algo por la aldea...

  Sus palabras no sonaban acusatorias. No eran guiadas por el enojo, sino por la necesidad de comprender. Porque, en el fondo, confiaba en que él le diría la verdad.

  Shaknir bajó la mirada, tomándose un segundo antes de responder.

  —Elira sabía que vendrían por ella tarde o temprano. Eldric es el mayor, sí, pero nunca le importó lo que sucedía más allá de nuestras paredes. Yo no fui así. Yo necesitaba saber más. Y cuando ella notó eso, me contó algunas cosas... no todo.

  Sus ojos, como siempre, serenos. Su voz, firme.

  —Ella confiaba en Drunken. Creía que él podría encontrar la clave para salvar este mundo. Pero esa misma búsqueda... los separó. Eso es lo único que sé con certeza.

  Nyra asintió, aunque una parte de ella quería seguir preguntando. Entonces Shaknir agregó algo más, una frase que la dejó en silencio.

  —No tengo todo el conocimiento. Solo me aferro a lo que sé, Y lo que sé... debo dejarlo ir.

  Ella no entendió del todo, pero no lo presionó. Porque en el fondo, ese enigma también era una promesa. Lo que importaba era que, como siempre, Shaknir estaba ahí cuando más lo necesitaba. Y esta vez no fue la excepción.

  Se abrazaron, breve y sincero, como quienes comparten el mismo peso sin necesidad de explicarlo.

  Luego, en silencio, entraron juntos a la casa. El descanso era necesario. El día siguiente los esperaría con nuevos retos, y con él, el inicio de algo que ni siquiera imaginaban.

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