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Capítulo 0. Prólogo: Fin del ciclo

  22 de septiembre de 1917.

  La tormenta parecía hacerse más fuerte a medida que el tiempo pasaba, desafortunadamente en esta ocasión no se encontraba Byakko, ni ningún otro compa?ero suyo que lo socorriera. Los sables chocaban con tal fuerza que parecían que iban a romperse, dentro del área dos siluetas se encontraban peleando, uno parecía estar enfadado y jadeando mientras el otro solo estaba expectante a las reacciones de su oponente, si bien también estaba agotado solo era cuestión de resistencia, al menos hasta que el otro se rindió.

  —Por favor, Kōtei, dejemos esto. Ambos sabemos que esto no llegará a nada, será mejor que te rindas y lo dejemos de lado, ya has hecho suficiente con esta extra?a obsesión. —Exclama el alfa quien sostenía el sable con un aspecto alterado. Observando aquel objeto forjado hace tanto tiempo por aquellos que ya cayeron, lo presionado con más fuerza su ira y melancolía se mezclaron. — ?Mar maldita! — Soltó.–– Mataste a mis amigos, mis compa?eros, aquellos que se suponían que serían mis destinados. ?No es suficiente para ti?

  —No, nunca es suficiente… —Su rostro se fue transformando en uno sombrío.— Creo que no ha entendido aún si te lo he demostrado. ?Qué más quieres que haga? ?Arrasar con toda la población de tu querida y peque?a nación? Porque me estás obligando a hacerlo. ?Qué puedo hacer para que entiendas que todo esto que he hecho es por ti? — Un suspiro agotado salió de sus labios. Balanceo su arma para recargarla sobre sus hombros, alzó la cabeza y le ofreció una sonrisa descarada. — Déjate someter, es fácil.

  La bilis subió hasta su esófago. Apretó el pu?o para contenerse.

  —Eres tú el que no entiende. ?Puedes entrar en razón? No soy la gamma, ni la omega, ni el beta que conociste; Soy un alfa, así que déjate de tonterías.

  —Toma el rol de un sucio omega y me lo pensaré —respondió en burla.

  La mirada del chico se profundizó y, en un instante, un par de ojos brillantes de color azul no tardaron en aparecer.

  Utilizando el agua de la tormenta, una bola de agua a presión fue directo al costado del Oni, haciendo que suelte su arma en el proceso y mandandolo 2 metros lejos del alfa menor, la suficiente distancia como para que el oji zafiro vaya tras el mayor directo a golpearle, aprovechando su momento de guardia baja, utilizo el agua para darle un impulso extra y llegar en el momento justo para darle una patada en las costillas que mandaría lejos al otro.

  Kōtei tosió sangre, "Realmente detesto hacer esto" murmuró y salió velozmente contra Seiryu quien recibió un fuerte golpe en el estómago sacándole el aire.

  El chico hizo lo que pudo para aguantar el dolor y un chorro de agua a presión fue a parar directo a la cara del alfa más eso no lo detuvo para seguir peleando.

  Kōtei esquivó varios chorros de agua a presión para en uno saltar y caer detrás de Seiryu dándole una patada en la espalda para que cayera de frente, el alfa más "joven" amortiguó la caída con sus brazos y se giró a un costado para levantarse, rápidamente empezaron con golpes físicos combinados con agua por parte de Seiryu, en medio de los golpes, Kōtei supo que algo estaba mal cuando la patada que iba a ofrecerle a Seiryu no tuvo éxito y fue sorprendido con el alfa volteandolo con las piernas hacia un lado.

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  Con una voltereta quedó el en el suelo, e inmediatamente tomó el brazo del azabache para dejarlo tirado en el suelo también, ofreciéndole un codazo en el pecho, el oji azul soltó un quejido de dolor y le brindó un pu?etazo con fuerza al oni en la mandíbula dejándolo adolorido, gracias a esa distracción, pateó al oni para poder levantarse con el dolor en el pecho, una vez más los ojos azules parecieron brillar y con el agua a su alrededor metió al oni en una bola de agua, lanzandolo a su vez contra un árbol, esbozo una sonrisa, sin darse cuenta que la reacción del azabache mayor fue inmediata.

  Seryu de un golpe fue mandado contra un árbol.

  Raíces envolvieron los pies de Kōtei y lo mandaron a volar contra una serie de árboles, chocando y destruyendo el área.

  —Si crees que voy a ser aquel que fue amable contigo tiempo atrás, estás muy equivocado —exclamó. El tiempo pareció avanzar más rápido. El chico esquivó a su oponente, quien venía con todo contra él.

  —Por lo que veo, el tiempo se encuentra a tu favor, querido. No considero que esto sea justo —hizo alusión al clima y a los poderes de Seiryu en respuesta.

  —Siempre lo ha estado; la diferencia es que nunca lo utilicé contigo —una sonrisa socarrona apareció en sus labios.

  —Vaya —suelta una risa—. Ya era hora de que fueras en serio; ganarte siempre me aburría, así que déjame hacerlo también —exclamó el alfa, que con sus u?as filosas se lanzó contra el menor. Seiryu intentó esquivar, pero no evitó que terminara con un corte por parte de este.

  Una peque?a gota de sangre fue más que suficiente para controlar el cuerpo de Seiryu, que fue lanzado y chocó contra un par de árboles, el azabache menor se estremeció ante el control ejercido, afortunadamente, no había durado mucho debido a la lluvia. Cayó al suelo.

  Su mirada se empezaba a nublar, no por el golpe, sino por las lágrimas que se asomaban, las cuales tampoco eran debido al dolor. Extra?aba a sus compa?eros; el sentimiento de amargura se hizo notar. Ya no podía seguir así. Localizó el arma del oni al otro extremo del terreno. Por un momento, su ojo izquierdo brilló con un tono más claro que el mismo cielo de días pasados. El tiempo se detuvo.

  Para cuando Kōtei miró al frente, la cuarta reencarnación de Seiryu no estaba. Sabía lo que había pasado, aunque sospechosamente no tenía ninguna lesión, salvo que, cuando miró para atrás, este solo se quedó atónito.

  Al otro extremo del terreno se encontraba Seiryu, agarrando su arma de tal forma que con ambas manos, apuntaban a su abdomen. El oni intentó salir disparado aun sabiendo el efecto que estaba puesto en el lugar pero no podía; iba demasiado lento sin despegar los ojos del alfa menor, el joven manteniendo una mirada afligida se apu?aló el mismo.

  El efecto de lentitud para su cuerpo se deshizo permitiéndole ir más rápido.

  Sin embargo, para sus ojos no fue el caso. Su cuerpo empezó a ir más lento, pero quería ir rápido. Aún seguía en shock; no podía procesar qué había pasado, ni siquiera se lo esperaba, no al menos así. Dio un paso y pareció escuchar unas palabras.

  —Solo esperen, comenzaremos nuevamente —murmuró el alfa, volteando a ver al cielo. Sujetando la espada, cayó de rodillas y la sangre empezó a salir de la herida. Aún si el agua la borraba, la ropa ya se estaba manchando. Ya había aguantado el suficiente tiempo; podía retirarse con sus amigos y empezar el ciclo.

  —?NO, WASEI! —Protesto con todas sus fuerzas.

  Antes de que el cuerpo cayera de frente, fue rápidamente sostenido por el oni, quien aparentemente había salido del shock. Acostó lentamente hacia atrás el cuerpo de la reencarnación de Seiryu, examinando la herida. Intentó hacer que el flujo de la hemorragia se detuviera, pero conforme más lo hacía, más sangre salía. Maldijo la inutilidad de sus poderes

  —?Mierda! Wasei, por favor, yo no quería esto. ?No era necesario! —dijo Kōtei. Una vez más, intentó que la sangre se detuviera mediante el hecho de secarse, pero la herida no se cerraba. Observó el arma y, con una mueca de disgusto, la retiró, dejándola a un lado.

  El tiempo avanzaba y la tormenta empezaba a ponerse peor, casi pareciendo un diluvio. Los vientos arrasaban con todo mientras los relámpagos caían, incendiando árboles que rápidamente eran apagados por el aire y la lluvia combinados. Pero, aun con todo ese caos, Kōtei continuaba desesperadamente intentando cerrar la herida del azabache menor. Se arrepentía de cómo habían girado repentinamente los sucesos; ni siquiera estaba en sus planes todo esto. La hemorragia continuaba, y el agua diluía la sangre, lo que hacía realmente difícil la situación. Ni siquiera tenía poderes sanadores para curarlo internamente. Los latidos se hacían más lentos y la coloración de Seiryu se tornaba pálida, más de lo que ya era el "muchacho". Su estupidez lo llevó a la ruina. El caos se detuvo, o eso parecía ante los oídos del oni, que habían dejado de escuchar los latidos del alfa menor.

  —?Wasei? ?Hey, aún no es momento de irse! —exclamó, dando unas palmadas en la mejilla del otro. —No... ?Mierda, esto no puede estar pasando! —Ambas manos se dirigieron al pecho del chico y empezó a presionar; le estaba dando RCP. 1..2..3..10..15..20..30..?50? No reaccionó.

  Kōtei tomó la cara del azabache en sus manos, observando si respiraba. Lo único que halló fueron los labios de un tono azulado. La cuarta reencarnación de Seiryu se había ido; su alma abandonó este mundo y quien yacía ahora a su lado era sólo un cuerpo inerte. —?Maldición...! Esto no era lo que quería; no eran mis intenciones que esto pasara.—Murmuró mientras abrazaba al cuerpo inerte del otro, lamentándose, lágrimas cayeron fundiéndose con la lluvia por haber perdido a aquella persona que supuestamente había amado, la soledad y la tormenta fue el único consuelo que pudo recibir.

  Ese día, un ciclon atravesó el imperio, arrasando todo a su paso. Con los fuertes vientos y las lluvias torrenciales, la catástrofe no se hizo esperar. Sin embargo, esta vez no estaban los cuatro guardianes para detenerla; Fue un día fatídico, pues así como la catástrofe se presentó, el dragón del este, Seiryu, fue encontrado muerto un día después.

  Con la muerte de Seiryu, se dio fin a las cuatro bestias divinas antes de tiempo, dejando al imperio a su suerte por 125 largos a?os una vez más. Hakugyokuren tuvo que enfrentar el hecho de haber perdido a sus cuatro protectores principales antes de lo previsto, manteniéndose un a?o de luto por su héroe caído.

  ?Quién hubiera pensado que tiempos oscuros se presentarían para Hakugyokuren tiempo después?

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