home

search

Capítulo 9: Génesis del Vacío

  Mientras Adrián caminaba junto a Lucian, ajeno al peso de los siglos que cargaba sobre sus hombros, la verdad sobre su sangre permanecía oculta bajo las piedras de Dragonhall.

  La verdadera historia de lo que corre por las venas de Adrián y Selene no tiene nada que ver con la ciencia médica. Para entender Dragonhall, hay que olvidar los libros de texto y mirar hacia atrás, hacia la Antigua Grecia .

  Existió un mundo donde fuerzas que no comprenderiamos movían piezas. Hace miles de a?os, un Dios del Caos Agraan decidió jugarle una broma pesada a la humanidad: inventó lo que hoy llamamos Psicopatía .

  No era una enfermedad, sino una sintonía. Ese dios ajustó el cerebro de ciertos reyes y guerreros para que no sintieran nada: ni pena, ni culpa, ni miedo. Eran máquinas de matar con cara de humanos que disfrutaban con el dolor porque su mente vibraba con una frecuencia de maldad pura.

  Pero el equilibrio es sagrado. El Dios del Silencio Vacuüs, decidió que esos monstruos necesitaban a alguien que les parara los pies. Mientras una de aquellas polis griegas era devorada por el fuego, ocurrió lo imposible: el cielo se rajó.

  No llovió fuego, ni cayeron rayos. Lo que descendió del firmamento fue una columna de oscuridad líquida y helada. Era el Eco del Vacío.

  Los detalles de ese hackeo mental fueron brutales. Los antepasados de los Vane sintieron cómo sus ojos empezaban a procesar el mundo en frecuencias de color que no existen. Ya no veían a las personas; veían sus intenciones. Podían ver un rastro de estática negra saliendo de la cabeza de un asesino antes de que este siquiera agarrara el pu?al.

  Para los Drax, el hackeo fue más físico, casi doloroso. Sintieron un frío glacial instalándose en el centro de su pecho, un vacío que les permitía oler el miedo y la podredumbre de las mentes rotas. No solo escuchaban pensamientos; sentían el pulso de la maldad ajena como si fuera un tambor rítmico dentro de sus propios oídos.

  En cambio los Vanes no nacieron para llevar capas ni para ser adorados en los templos. El Dios del silencio les dio un poder muy específico y aterrador: la capacidad de entrar y anular .

  Cuando un Vane fija su atención en un depredador, su Eco no se limita a observar. Se infiltra. Es como un virus informático de código invisible que salta de una mente a otra. Adrián no necesita tocar al monstruo; basta con que sus frecuencias se crucen en el aire. Una vez dentro, el Eco busca los nodos del cerebro donde se cocina la violencia: la amígdala y el córtex prefrontal, los lugares donde el psicópata guarda su sed de sangre.

  El Eco de un Vane tiene una precisión quirúrgica. Localiza el punto exacto donde el psicópata está procesando el placer de matar —ese peque?o chispazo eléctrico que precede al ataque— y coloca un bloqueo. Es como encontrar el interruptor de la luz en una habitación oscura y bajarlo de golpe.

  En ese instante,un Vane genera una frecuencia de interferencia . No es un sonido que se oiga con los oídos, sino una vibración que inunda el cerebro del criminal. Para el psicópata, el efecto es aterrador: de repente, el mundo se queda en silencio. Sus manos se quedan quietas, su pulso se ralentiza y, lo más importante, su motivo desaparece.

  Se queda paralizado, mirando al vacío con la mente totalmente en blanco. Si hace un segundo quería clavar un cuchillo, ahora ni siquiera recuerda para qué sirve un cubierto. El Eco ha borrado su intención de golpe, dejando una "página en blanco" donde antes había un plan asesino.

  Lo más dramático es que Adrián desconoce por completo que puede hacer esto.

  A veces, cuando se cruza con alguien con algún pensamiento aterrador en los pasillos de Dragonhall o en el comedor, siente una punzada de calor en la frente y nota cómo el aire se vuelve denso a su alrededor. Ha visto a gente tropezar o quedarse ausente por un segundo cuando él los mira con intensidad, pero lo achaca a la casualidad o al cansancio.

  Unauthorized content usage: if you discover this narrative on Amazon, report the violation.

  No tiene ni idea de que su mente ya está intentando practicar de forma instintiva. Su Eco es como un león enjaulado que empieza a dar zarpazos a través de los barrotes. Todavía no ha aprendido a dirigir esa interferencia, pero el poder está ahí, latente, esperando el momento en que Adrián entienda que no es solo un analista, sino un anulador de monstruos.

  Desde entonces, ese poder se ha pasado de padres a hijos durante décadas, como una herencia tan valiosa como peligrosa. A medida que el linaje avanzaba, el don se fue especializando:

  Dentro de la jerarquía de los Ecos, los Drax no poseen el interruptor de seguridad de los Vane. Ellos no pueden apagar la oscuridad; tienen que aprender a nadar en ella .

  Cuando un Drax se fija en un psicópata, su Eco actúa como una esponja. No lanza un virus para anular, sino que abre todas las compuertas de su propia mente para que la frecuencia del monstruo entre. En segundos, el Drax deja de ser él mismo. Empieza a pensar como el asesino . Siente la misma sed, el mismo desprecio por la vida, la misma pulsación eléctrica que precede al ataque.

  No es que lean la mente del criminal; es que se convierten en un reflejo perfecto de ella.

  Esta habilidad los convierte en los cazadores más letales. Al sentir exactamente lo que el psicópata está sintiendo, saben dónde va a atacar antes de que el propio asesino tome la decisión consciente

  Si el monstruo siente frío, el Drax sabe que la víctima morirá en un lugar húmedo.

  Si el monstruo siente un pico de adrenalina, el Drax sabe que el ataque es inminente.

  Su caza es un juego de espejos: persiguen al psicópata desde dentro de su propia cabeza, esperando el momento exacto en que la bestia se prepare para saltar sobre su próxima víctima para interceptarla.

  Al no poder anular la maldad, los Drax corren un riesgo que los Vane no conocen: la contaminación . Al meterse tan profundamente en la mente de un psicópata para cazarlo, la línea que separa al cazador del monstruo se vuelve casi invisible.

  Para un Drax, cazar significa caminar por el borde de un precipicio mental. Tienen que ser capaces de sentir el placer de matar que siente su presa, pero sin llegar a apretar el gatillo ellos mismos. Es una tortura constante. Por eso Selene es tan magnética y, a la vez, tan aterradora para Adrián; ella vive en una frecuencia donde la maldad es algo que se puede saborear, no solo analizar.

  Mientras que la estirpe Vane representa la razón el control que apaga el fuego, la estirpe Drax representa el instinto el fuego que consume a otro fuego. Son linajes hermanos, pero condenados a no entenderse:

  Un Vane ve a un psicópata y piensa: "Debo detenerlo".

  Un Drax ve a un psicópata y piensa: "Soy tú, y sé dónde vas a estar".

  Hoy, siglos después de que aquella oscuridad cayera del cielo griego, Dragonhall sigue siendo el lugar donde estos linajes se entrenan. Pero el Vacío es exigente: para cazar a un monstruo, tienes que ser capaz de mirar su oscuridad sin que la tuya te devore por el camino.

  A pesar de todo lo que Adrián ha estudiado, a pesar de las gráficas de comportamiento y los perfiles de depredadores que ha memorizado en Dragonhall, hay una verdad que se le escapa. él cree que los pasillos de la universidad son un lugar seguro para aprender a cazar monstruos, pero no sospecha que está a punto de descubrir que existe algo mucho más oscuro que la mente de un psicópata común.

  Hay un nivel de maldad que no se mide con pulsaciones ni con falta de remordimientos. Es un tipo de oscuridad más antigua, más aterradora, que no busca simplemente hacer da?o, sino devorar la esencia de lo que nos hace humanos. Es un vacío que no se conforma con observar desde fuera; quiere invitarte a entrar y cerrar la puerta tras de ti.

  Sin saberlo, Adrián está dando sus primeros pasos dentro de ese abismo. Mientras camina por los comedores de piedra y los laboratorios de criminología, cree que está rodeado de compa?eros con los que comparte un objetivo. No se da cuenta de que el peligro real no está en los expedientes que analiza, sino en la presencia de quien tiene a su lado.

  Hay alguien que lo observa, alguien que camina con la elegancia de una sombra y que conoce el peso de ese vacío mejor que nadie. Esta persona no está en Dragonhall para aprender; está allí para cumplir una misión que Adrián ni siquiera puede imaginar en sus peores pesadillas. él siente una atracción extra?a, una curiosidad que confunde con rivalidad académica o tensión inexplicable, sin entender que lo que realmente está haciendo es sintonizar, por primera vez, con la frecuencia del depredador que ha venido a por él.

  Adrián está empezando a jugar una partida de ajedrez contra una fuerza que lleva siglos esperando este momento. Cree que está aprendiendo a cazar, cuando lo que realmente está haciendo es quitarle el seguro a una puerta que debería haber permanecido cerrada para siempre. La oscuridad ya no está ahí fuera, en el mundo real que intenta proteger; la oscuridad ya ha entrado en la universidad y respira el mismo aire que él.

  Vane, que anula la maldad sin saberlo, o la del Drax, que debe convertirse en el monstruo para poder cazarlo?

  no olvidéis darle al botón de 'Follow'. Me ayuda muchísimo a seguir subiendo capítulos y a que la historia llegue a más gente.

  Capítulo 9, donde Adrián empezará a notar que ese 'león enjaulado' en su mente quiere salir...

Recommended Popular Novels