Ashley miró el folleto en sus manos. Solo eran tonterías sobre tener putas, pasteles orgánicos europeos y eslóganes corporativos baratos como "confía en Mortis, tu funeral". Se recostó en la pared, leyendo con atención mientras olía con fuerza los cadáveres y la carne que bloqueaba la salida fácil. En los bordes del folleto había peque?as letras; algunas estaban partidas, pero Ashley era la mejor jugadora de Doctor Hound y, aunque sus ojos se irritaran, lo resolvería. Ya tenía cuatro letras.
Aunque el misterio la llamaba, Ashley se acercó a Julia, quien estaba mirando todo haciéndose la fuerte, con los brazos cruzados, pero giraba la cabeza demasiado. Estaba demasiado atenta a las palabras de Andrew, sin mirar los cadáveres.
Tomó a Julia del brazo y la atrajo a un abrazo completo, frente con frente. La respiración de Julia se aceleró; se escondió en el abrazo e incluso comenzó a moquear.
—Lo- lo siento, yo estoy… —intentó hablar Julia. Era adorable. Ashley le pasó la mano por el pelo. Siempre se ponía así cuando algo la asustaba, aunque esta era una situación de mierda... Estaba segura de que podrían salir.
—Shhh, conejita. Es como en el campamento: respira y concéntrate. Eran malos, eran enemigos —Julia siempre necesitaba razones, por lo tanto Ashley se las daba con voz baja y caricias en el pelo. En el campamento había sido complicado que ella pasara la prueba de manejo de armas, o que no se rindiera en los regímenes de ejercicio.
La respiración de Julia ya se había calmado. Compartieron sonrisas, y Andrew por fin dejó de ser un mirón. Ashley sacudió la cabeza mentalmente. Andrew, siempre tan tonto. Si quiere un abrazo, lo pide y ya. Pero últimamente se está alejando o haciendo cosas raras.
—Entonces nos movemos. Las armas de esos hombres están en muy mal estado. La salida fácil está bloqueada —Andrew revisaba el botín, que consistía en cuchillos, latas y chatarra—. No hemos subido ninguna escalera; deberíamos estar en alguna parte del primer piso. Entonces, la salida debe estar cerca.
Ashley rodó los ojos. Muy comando, pero Andrew tenía razón. Estar en un pasillo sacado de una película de horror era malo para la salud.
—Ok, Julia, como siempre —habló Ashley fuerte y claro, disfrutando cómo Julia sacaba su consola y amando la cara confundida de Andrew ante su genio superior. Observó cómo Julia conectaba la consola a un teléfono.
—Duendecillo en línea para sus servicios, ama Ashley, ama Julia y amo Andrew —una voz mecánica salió de la consola.
Ashley disfrutó mientras Julia le explicaba a Andy cómo las consolas que mamá les había dado tenían una IA muy potente: era mejor que una computadora, pero siempre estaba escondida, analizando todo y dando informes a mamá.
—Y Julia aquí logró seducir a la IA con sus tetas de vaca —Ashley le apretó los pechos a Julia, esperando y recibiendo un chillido. Siempre le era divertido, especialmente cuando los chicos miraban con caras de odio porque ella tocaba y ellos no. Pero Andrew… oooooh, Andrew se había vuelto un perro lujurioso. Entonces tendría que vigilarlo. La inocente Julia era un premio muy deseado.
Ashley observó la pantalla. Por desgracia, Duendecillo tenía interferencia; por lo tanto, mamá no vendría. Eso era malo, sí, pero no era nada del otro mundo. Ellos están bien, pensó, manteniendo la vista en Julia y Andrew. Están cerca. Todo está bien. Respiró hondo y mantuvo la espalda recta.
Pero, por suerte, el dispositivo aún podía funcionar como radar y mapa 2D. En su memoria guardaría los datos, así que, si había algo sospechoso, se informaría. Podían poner marcas. Julia se veía tan entusiasta mientras hablaba de las funciones del minimapa.
Ya con todo aclarado —especialmente para Andrew, que había decidido tomar una AK-47 y fijar la dirección—, comenzaron su aventura. Claro, estaban en medio del territorio enemigo, pero mamá había tenido muchas misiones así, como en la Guerra Corporativa del 2078. Ashley siempre escuchaba esas historias mientras su papá le ense?aba algún acorde de guitarra o un paso de baile.
Los pasillos eran un asco. Siempre había ese leve tono rojo; algunas paredes eran completamente rojas, además de algo húmedas. Los escombros en el camino eran más una molestia, pero al menos ofrecían posibles barricadas. Andrew estaba tenso, pero listo para la acción. Julia estaba bien; sostenía a Duendecillo, ajustando o revisando cosas de nerd.
Pero la caminata fue interminable. Según Duendecillo, habían caminado quince minutos por pasillos con diferencias mínimas. Además, muchos de esos idiotas habían aparecido. Por suerte, Duendecillo los detectaba antes, evitando emboscadas o dando tiempo para esconderse. Ashley logró derribar a algunos, pero Andrew era el MVP de la partida, tomando la mayoría de las cabezas. Sí que sabe moverse y dar pu?etazos.
Aunque no habían salido limpios. Julia tuvo que sacarle una bala que había golpeado a Andrew en el hombro, pero nada grave. Nada grave. Todo está bien. Tomó un pa?uelo de la bolsa de Julia.
—Ashley, ?estás bien? —preguntó Julia, muy concentrada en limpiar la sangre —mucha sangre— que salía de Andrew.
Ashley solo asintió mientras revisaba los alrededores. No era exactamente una sala limpia, pero, por suerte, le había quitado algunas inyecciones de CVEX a mamá. Eso debería bastar para curar todo.
Tragó saliva y se volvió a atar la coleta. Un idiota se acercó demasiado, pensó, pero al menos ahora tenía un cuchillo nuevo. Con la vista distraída, notó que la sala era una oficina de algún tipo, muy aburrida. No como la de papá: sin música, sin guitarra ni cosas así. Todo era muy gris, con toques rojos... Maldición.
—Estoy hecha mierda, conejita, pero concéntrate. No puedes dejar que el paladín muera; aún falta completar la misión —dijo, y por suerte Julia le devolvió una sonrisa y siguió con sus cosas médicas. Ella está bien, pensó Ashley. Además, exceptuando los dos primeros, los demás venían con bates, cuchillos o pistolas de 9 mm, así que tenían munición.
Toda la oficina estaba seca. Cada rato miraba a Andrew, que estaba charlando con Julia sobre algún juego de mesa. Tal vez debería incluirlo más, reflexionó, pero no es su culpa. Julia siempre fue tímida. Además, al final siempre se divierten juntas. Tal vez puedan introducir a Andrew. Ashley miró a Andrew, ya recuperado. Esas inyecciones CVEX sí son potentes. Solo le quedaba algo de dolor.
Ashley observó la sonrisa forzada de Andrew.
—Estoy listo, vamos —dijo él, pero Ashley sacudió la cabeza—. Mira, Ashley, estoy bien. Madre se molestará por las inyecciones, pero ahora estoy al cien por ciento. Tenemos que salir. Ahora.
Andrew no estaba bien. Sentado sobre el escritorio, sin camisa, sudaba a mares. Según Julia, los efectos secundarios de la inyección eran un golpe de energía, pérdida parcial del sentido del dolor y algo de euforia.
—En pocas palabras, es una droga de combate de mamá. No saldremos de aquí hasta que te calmes y dejes de ser un loco saltarín —Ashley lo sostuvo por las mejillas, estirándolas al ritmo de su propia respiración, forzándolo a sincronizarse.
—An-Andrew, deberías escuchar a Ash. Estás herido —la voz de Julia sonó detrás de ella. Estaba preparando el termo de chocolate frío; eso debería calmarlo. Ashley sonrió un poco cuando Julia desvió la mirada y Andrew se cayó de la mesa, rodando hacia atrás.
—?Jajajaja! ?Quién diría que Andy está tan animado? —se rio al verlo. Al parecer, la inyección tenía otros efectos secundarios. Aunque esto explica por qué lo primero que hace mamá al volver es follar con papá, le llegó un escalofrío, no deberían haber entrado en la habitación de mamá y papa. Tener esa charla con mamá aún… empalada fue raro e incómodo.
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—?Cállate, bruja!… Mierda, maldición —escuchar a Andrew frotarse la cabeza era un placer, especialmente al ver la cara de Julia, roja como una cereza. Le dieron ganas de jugar con sus pezones y ver qué hacía Andrew.
Pero se arregló el suéter que llevaba. No es momento para jugar; es hora de trabajar. Tardó unas horas, pero por fin Andrew dejó de tener el asta de bandera parada. Al revisar a Duendecillo, el dispositivo indicó que ya habían recorrido varios cientos de metros.
—Basado en el espacio recorrido y la velocidad de movimiento, han pasado entre dos y tres horas —la voz metálica de Duendecillo hizo que Andrew se restregara la cara. Julia la miró. Ashley solo pudo maldecir. Están jodidos. Y esta es la peor manera de descubrir que hay magia.
—Se han contabilizado dieciséis neutralizaciones efectivas. Tras el análisis de datos, se recomienda proceder a zona de resguardo. De no ser factible, se sugiere la interrupción definitiva de la amenaza.
Bueno, si Duendecillo lo dice… Ashley se apoyó contra una pared. Mierda. Mierda. Ok. Miró a Andrew, que parecía como si alguien le hubiera dicho que la tenía peque?a —aunque Ashley estaba dispuesta a debatir ese punto—, y a Julia, pálida como el papel.
Por fin pudieron salir de esa oficina. Todos tenían claro lo que debían hacer: subir y matar a quien estuviera al mando. Según el minimapa, ya habían recorrido varias veces la misma esquina; o sea, este lugar tenía un límite. Ya tenían marcadas las escaleras.
Ashley, Andrew y Julia pasaron al segundo piso con paso firme, con el minimapa y Duendecillo listos. Andrew llevaba la AK-47 menos oxidada; Ashley, su confiable 9 mm. Avanzaban lentamente.
—Nunca pensé que el campamento serviría de algo —escuchar la voz de Andrew era bastante relajante. él observaba el silencio del segundo piso, que parecía en plena renovación—. Todo el asunto de prácticas y simulacros... nunca pensé que lo iba a utilizar.
—?Y por qué? —preguntó Julia con ese tono suyo, tan suave. Estaba ganando confianza. Eso era bueno, aunque tuviera que esconderse de vez en cuando en los apartamentos o atacar solo cuando era posible. Hasta ahora, solo habían sido cuatro.
—Bueno, tenía planes. No sé... historia, o tal vez mecánica. Me gustan los autos. Lo de ser soldado no es lo mío. Completaré el campamento y ya está —Andrew sí que tenía planes, pero su mirada estaba en el pecho de Julia. Seguro se decía a sí mismo que no era así, y Julia lo miraba encantada. Aunque no la culpaba: Andrew era increíble; todos los demás chicos solo eran unos perros.
Ashley solo podía sacudir la cabeza. Andrew es muy tonto. Seguro solo quiere follársela para sentirse diferente. Andrew sigue siendo un perro. Debo vigilarlo. Julia se debe tratar con mucho cuidado para disfrutarla.
Miró su nuevo escondite: un apartamento en el segundo piso, cerca de las escaleras. Parecía enorme, con pedazos de carne o hueso creciendo por las paredes. Con una mueca, Ashley se mordió el labio. Desde que habían subido de piso, un dolor de cabeza le estaba taladrando la sien, y las risitas tontas de Julia y Andrew no ayudaban.
—?Qué pasa, Ash? Cuéntame —Andrew la tomó por los hombros.
—?Te importa? Te veo muy ocupado haciéndote el héroe —intentó zafarse del agarre, pero no pudo. Estaba muy cansada; sentía su cuerpo como plomo.
—Mira, Ashley, no estamos bien. Así que cálmate. Recibiste un golpe muy fuerte, ?ahora? —Andrew era un tonto. Ashley no recordaba ningún golpe. Lo último que recordaba era...
?Qué mierda? Se llevó la mano a la cara, y lo último que vio fue el suelo. Mierda...
Una neblina cubrió los ojos de Ashley, pero aún podía ver. Sentía que su cuerpo pesaba, pero a la vez era liviano. La luz se abría entre la neblina. Con dificultad, Ashley abrió los ojos y allí estaban: Andrew y Julia, atados a unas sillas.
—No sé qué hacen cazadores tan jóvenes aquí, pero les aseguro que mi padre se encargará —una voz chillona le rompió el oído, como si le metieran una piedra. Con dificultad, buscó y encontró... una cosa.
Ashley solo podía describirla como una mocosa con alas de mosca, que parecía derretirse. Con dolor, buscó su arma, que, claro, estaba en la sala de estar. Su corazón latía a mil. Estaba segura de que seguía sangrando por la nariz. Es una estupidez. Se levantó usando el mesón como apoyo.
—?Eee, mírame! ?Oye! —Ashley sintió que iba a vomitar. El olor a podrido que llegaba era horrible. Ubicó de reojo el arma; no podía pasar desapercibida.
—Oh, despertaste. Bueno —la cosa frunció el ce?o, o al menos eso creyó Ashley. Parecía más bien que se le caía un lado de la cara. Todo terminó con un golpe en su propia cara, y las lágrimas comenzaron a caer. ?Por qué estoy llorando? Su plan había funcionado; ahora estaba cerca del arma. Ashley se arrastró hacia el sofá de la sala.
—?Oh, por favor! ?No soy estúpida! —el monstruo dio unos pasos, tomó la pistola, jugueteó con ella y la tiró a la cocina.
Ashley rodó contra el sofá. Su visión era borrosa, pero debía concentrarse. No podía fallar. Metió la mano bajo el sofá y sintió el arma. El monstruo se agachó cerca de Ashley, pero la muy tonta no se esperó un cuchillo en la cara. No fue su mejor golpe. Sus ojos se volvieron pesados; luchó para ver qué estaba pasando.
—?Ashley! ?Ríndete monstruo tengo un arma ahora mismo! —el grito de Julia le hizo girar la cabeza, pero todo se desvaneció. Un disparo no ayudó. Todo se volvió negro.
Ashley volvió a abrir los ojos. Estaba comenzando a odiar esa mierda de que le dieran palizas; ni siquiera en el campamento podía llegar al top tres de su grupo. Julia la odiaba. Andrew la odiaba. Tragó saliva. Al final, no servía de nada; había fallado. Miró a su alrededor, pero solo vio una habitación de hospital.
Entonces, esto es un hospital. Así es la muerte. Ashley debería haberlo esperado. Ella odiaba los hospitales. Su cara ardía. Apretó los pu?os.
—Es bueno ver que ya estás despierta —una voz le hizo girar la cabeza. Allí estaba un hombre con un sombrero fedora. Sus ojos eran raros. Ashley se llevó las manos a los ojos.
—Entonces, eres visual. Muy interesante. Bueno, joven, no te preocupes. Estás a salvo. Tus compa?eros están en otra habitación. Tu hermano tuvo una pelea muy fea, y esa chica está bien, solo algo en shock —el hombre siguió hablando sobre Andrew y Julia. Eso obligó a Ashley a comprobar que estaba libre de ataduras. Se sentía como la mierda, pero lo guardaría en la caja para más tarde. Debía acabar con ese hijo de puta y escapar.
Ashley recordó todos esos juegos de escape, de terror, y las clases del campamento. Debía observar. Solo vio objetos de hospital, pero nada afilado.
—Intentar atacarme es una buena iniciativa, pero te sugiero obtener la mayor información posible antes de cualquier cosa —?Oh, mierda! ?Entonces el hombre leía mentes? Con un gesto, el hombre salió de la habitación y Ashley lo siguió, escudri?ando cada rincón en busca de algo útil. Nada a la vista por ahora. Debe haber algo.
—?Ashley! ?Dios, estás bien! ?Ashley! —Un misil llamado Andrew la levantó del suelo, sepultándola en abrazos y besos. Un torpedo llamado Julia la abrazó por detrás con tanto entusiasmo que le daría diabetes.
—?Sí, sí, estoy bien! ?Gracias por alarmarse, pero bajenme! —Escuchó sus negativas. ?Tontos! Debían salir de allí. Ashley los abrazó con fuerza, con lágrimas.
—Me alegro de que estén bien y felices. Pueden ir a mi oficina cuando lo deseen, o irse ya. Llamé a sus padres; creen que fueron a jugar y se pasaron de hora. Su auto está afuera —dijo el hombre del sombrero fedora antes de marcharse.
Al fin se fueron, contra los deseos de Ashley, pero Andrew y Julia habían tenido suficiente aventura por un día.
Al salir del edificio, allí estaba el auto. Ashley miró a Andrew, que estaba feliz, incluso algo eufórico, aliviado, enojado, confundido. Ashley cerró los ojos con dificultad y los volvió a abrir solo para ver a Julia. Ella estaba asustada, excitada, encantada; miraba a Andrew pero también la miraba a ella.
—Estoy bien. Vamos, tengo sue?o, me duelen los ojos —Ashley apartó la mirada, tomando el asiento del copiloto. Solo escuchó la aceptación de Julia.
El viaje en coche fue silencioso y pesado. Cada vez que miraba a Julia, podía ver cómo le temblaba el labio; estaba aguantando las lágrimas. Eso ya lo sabía, pero ahora notaba que sus ojos estaban tensos, conteniendo el llanto. Andrew, por su parte, usaba el volante como pelota antiestrés; podía ver cómo sus ojos parecían tormentas.
Tendrá pesadillas. ?De dónde vino eso? ?Qué está pasando? Intentó desviar la mirada, pero todo estaba mal, como si hubiera una niebla. Aunque todo parecía normal, había algo sospechoso pasando.
—?Ashley! —el grito de Julia la sacó de sus... no sabía si eran pensamientos o sue?os.
—Shh, conejita. Tengo un dolor de cabeza; hablamos ma?ana, por favor —por suerte, su súplica funcionó. Su conejita pidió disculpas. Andrew, por su parte, seguía en su mundo. Ashley recordó que tenía que llevarlo a su cama; dormir juntos siempre era bueno para descansar, aunque debía vigilar que no manchara la cama. Estaba segura de que no era orina, pero ?qué podía ser?
Ashley se recostó en su asiento, restregándose los ojos. No sabía qué hacer. Tal vez una campa?a de Mazmorras y Profundidades para incluir a Andrew. Tal vez, si Andrew se portaba bien, podría incluirlo en los juegos.
Cuanto más lo pensaba, más fuerza ganaba la idea. Claro, debía conseguir mejores juegos o equipo, pero podía crear el mejor juego. Ashley salió del auto y abrazó a Julia al llegar a su casa.
—Cuídate, conejita. Siempre me tendrás —Julia lloró un poco sobre su hombro. Ashley se acercó a su oído—. Y tal vez, si eres buena, Andrew pueda jugar.
Disfrutó de su cara roja y pudo ver cómo le gustaba la idea, cómo estaba menos asustada y más calmada.
Ashley disfrutó el viaje a su casa. La luna ya estaba en lo alto, aunque sus ojos parecían como si hubiera mirado al sol directamente. Le dirigió una mirada a Andrew; él estaba cansado, sus párpados apenas se sostenían. Ashley tuvo que llevarlo del hombro a casa, pero al menos el ascensor funcionaba.
Llegaron a su casa. Con fuerza, cayeron ambos en la cama y se durmieron. Ashley solo pudo alegrarse de por fin dormir.
Fin

