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evookia parte 3

  Una vez terminada la entrevista con Anton, Jacob se dirigió a toda premura para salir del hotel. La intensidad opresiva de los espíritus se incrementaba poco a poco, deteniéndose brevemente en la entrada del hotel, donde Rodolfo lo esperaba sentado en un sillón que parecía confortable.

  —Veo que está de salida, joven Jacob —dijo Rodolfo mientras bebía un té de Jassubiana.

  —Así es, se?or Rodolfo. Estoy en camino a buscar al sobreviviente del equipo de O’Donnell —Jacob, animoso, se despedía de las burritas a través de la ventana.

  Rodolfo, pensativo, miró a Jacob por unos momentos, lo cual generó un poco de incomodidad en él. Nervioso, preguntó:

  —?Qué pasa? —Jacob preguntó honestamente.

  —?Humm, dejaré que usted lo descubra, se?or Jacob! No se preocupe, pronto recibirá ayuda de un lugar inesperado —Rodolfo golpeó con ambas manos en sus rodillas.

  —?Espero que sí! Estoy completamente perdido en esta situación, no sé cómo lo resolveré, ?hahaha! —Rascando su cabeza, Jacob dio un último saludo a Rodolfo y salió de aquel hotel a prisa. El aura opresiva de los espíritus efímeros en el lugar era fuerte e iba en aumento, aun con los atrapasue?os.

  —Aaah, un poco de descanso. Hoteles, hospitales y estaciones de transporte siempre son muy difíciles; los espíritus efímeros notan rápidamente a un evocador y tratan de forzarse en mí… —Jacob sacó su cuadernillo de piel de conejo y lo miró cabizbajo.

  —No sé cómo resolver esta situación. Cargas misteriosas, un puerto inexistente, ?gente! Esto es difícil —Jacob se precipitó sobre una banca en un parque alejado del hotel; sus interacciones sociales del día lo tenían agotado. Este tenía jardines con arbustos de Jassubiana alrededor que efectivamente expulsaban toda entidad espiritual del lugar; aquellas macetas tenían en la base contenedores de sal, estas eran necesarias para las plantas de Jassubiana. El arbusto en sí era pobre de hojas, pero algunas, con un bulbo peque?o en la base, emitían un fuerte olor parecido al jengibre recién cortado. Las flores púrpuras, claras y cristalinas, radiaban un aura calmante; árboles y varios tipos de plantas atraían pajarillos e insectos de varios tipos.

  Jacob se relajó por fin un poco, observando cómo la vida pasaba alrededor, pensando en lo que Akir y Antón le platicaron. Al final, su pensamiento se desvió al hierro blanco.

  —?Cuál será su punto de fundición? ?Qué tan maleable? ?Es una aleación o no será del todo hierro? ?Su densidad? —Jacob por un momento dejó ir su imaginación, analizando de mil formas el elemento que aún no tenía en sus manos.

  —?Me pregunto qué fue lo que pasó? Bueno, aquí no podré resolver nada. Mejor me voy a ver al chico del grupo del se?or O’Donnell —Jacob emprendió lastimoso su camino nuevamente, visiblemente triste por no tener el asombroso hierro blanco consigo. La tarde golpeaba con su sol veraniego característico de Evookia.

  Con las seis de la tarde en el reloj, Jacob esperaba afuera del hotel en el que supuestamente se encontraba aquel chico del que aún no conocía su nombre.

  —Al parecer no vendrá —pensaba Jacob sentado en el lobby del hotel. Los minutos pasaban y aún no se veían rastros de aquel hombre.

  —Bien, me rindo —Jacob suspiró en voz alta mientras se levantaba, cuando repentinamente la se?orita en el mostrador volteó y se dirigió a Jacob.

  —?Usted es Jacob Mahogany? —le preguntó amable la se?orita.

  —?He?... Sí, así es, soy Jacob, ?te puedo ayudar? —Jacob, intrigado, miró a aquella se?orita que se dirigía hacia él con la mano en el bolsillo como buscando algo.

  Jacob presintió un poco, como si la calamidad se acercara en esa mano, así que se alistó un poco solo para reaccionar en caso de ser necesario.

  —?Tome! Un chico lo dejó hace un rato… Me dijo que esperara un par de horas antes de entregárselo. ?Le pido por favor una disculpa, aquel chico parecía tener un mal rato… y… yo sentí pena por él, parecía estar muy afligido desde que llegó! Lo siento, aquel chico que usted busca se escabulló por la cocina hace un rato. Yo lo dejé salir… —La se?orita, cabizbaja y triste, parecía estar realmente triste por la situación. Jacob solo suspiró y sacó su mano de la funda donde se encontraba un Ofuda de defensa.

  —Está bien, está bien, no te preocupes, veré qué puedo hacer —respondió Jacob, tomando la carta y leyendo:

  "Se?or, perdone a este hombre. La culpa y arrepentimiento en esta carta es se?al de que por mí, Davey Jones Lock, 90 almas se perdieron.

  Mi culpa es grande y mi arrepentimiento pesa sobre mí como todo el barco y su tripulación juntos. Aquel recuerdo horrible del 18 de este mes, pende sobre mí como todo el hierro blanco que llevamos de contrabando. Gran Enrya sabe cuánto arrepentimiento tengo en mi mente.

  El capitán Johan me dijo que dejáramos los salvavidas y los botes, así que entre O’Donnell y yo los reemplazamos por más vino.

  Lo llevamos de contrabando, metido en barriles de frutas fermentadas sobre los corredores de las barracas; este sirvió para callar a los demás oficiales.

  Johan sabía que no podíamos meter aquel metal en la bahía de cargo, así que lo pusimos dentro de la balastra A.

  Oh, Dios, todos los gritos, el olor de la sal y sangre en los pulmones. Apenas pude salir del camarote a medianoche y el pobre diablo de O’Donnell regresó por los bolsos de pago que él y Johan recibieron de anticipo. Recuerdo muy bien cómo O’Donnell me platicaba sobre su hija y esposa: 'Por fin podré dejar de navegar, esto es todo, solo esta y jamás más allá de la línea azul'. Pobre diablo, yo no llevaré las hamacas a las familias, ?No, no seré yo!

  Escúchame, madre de sal,

  A tus hijos yo doy al mar.

  La sangre y el barro,

  Al mar doy por dado.

  ?Vengan, habitantes de las mareas,

  Llévense la carne, sangre y penas!

  Tómanos, gran marisma,

  En el que podamos navegar por siempre.

  Esperamos el día

  que todas las almas de mis compa?eros se regocijen sabiendo que me les uniré hoy. Como una tripulación completa zarparemos a los valles eternos donde el sol se pone y el mar brilla.

  A mi querida familia, con mi tripulación voy a los mares sin fin,

  no me busquen, yo voy de corazón."

  Jacob sintió el dolor y pena de Davey en la carta. Un espíritu efímero de sufrimiento peque?o salió detrás del papel, se aferró a Jacob con manos frías y tristes, y lo miraba mientras leía.

  —?Oh… no! —Jacob, apresurado, salió a toda prisa del hotel.

  —Lo siento, debí decírselo antes… —aquella jovencita le gritó a Jacob, que se perdía por las calles, guiado por aquel espíritu efímero.

  Evookia, parte 6

  Con una increíble sensación de nerviosismo, Jacob corría entre las calles de Evookia. Apenas podía mantener el paso; el dolor y la desesperación de la carta permeaban su mente, arrastrándolo a un estado de tristeza intensa.

  —Entiendo, me estás llevando con Davey; esta es su tristeza... Debo mantenerme firme y recordar que esto que siento no es mi dolor, si no, me arrastrará con él —Jacob luchaba por mantener el paso y su cordura, guiándolo como si fuera una mano invisible. Supo exactamente por dónde seguir a Davey. Dando vueltas por algunos lados del pueblo, Jacob eventualmente llegó a aquella playa verde esmeralda que recorrió el día anterior, esta vez dirigiéndose al lado contrario de su última visita.

  —?Aquel chico se dirigió al peor lugar! —Jacob se detuvo a unos pasos. Se encontraba en la entrada de Yelbitsin, el Bosque Negro. Aquel lugar frente a Jacob eran kilómetros de extensiones laberínticas de altas formaciones basálticas hexagonales de piedra negra y poca luz. Rebosando de actividad espiritual, el lugar era, por muchas razones, respetado en la zona.

  Como si abriera un horno, el aire viciado del lugar golpeó de frente a Jacob, retándolo a entrar. En miedo total, solo pudo apretar sus pu?os; los pies no se meneaban. Sudor corría intenso en su frente y un sentimiento de un horrible destino emanaba de la profundidad.

  —?Vamos, Jacob, ya has entrado a lugares más oscuros! —se dijo a sí mismo, apretando la carta en la mano. El espíritu de tristeza lo animaba a entrar.

  —?Dirígeme!, ?llévame a aquel que te suspiró vida! —Jacob guardó la carta y colocó en el piso a este peque?o ser púrpura y regordete, que lo miró un par de segundos para después emprender su camino al interior de Yelbitsin. Volteó a mirar a un Jacob dudoso, animándolo con un gesto con la mano a entrar.

  —Supongo, ese es un "sígueme" —Jacob dio un decidido paso firme al interior, siguiendo a aquella criatura. El vello en su piel se erizó al pasar por la entrada de aquel lugar y junto a aquella criatura, se adentraron rápidamente al laberíntico sitio.

  —El sentimiento estancado en el lugar es enorme, apenas puedo contenerme: tantos efímeros tristes, tanta furia, tanto odio —En cada rincón, peque?os seres de todas las formas se asomaban y algunos más intrépidos comenzaban a seguirlo como persiguiendo un delicioso manjar. Jacob no podía poner barreras, ya que su espíritu guía podría desaparecer en la penumbra, así que se aferró a sí mismo todo lo que pudo. Increíbles susurros llegaban a sus oídos, cada uno más fuera de sí que el anterior. Sin embargo, él ya había tenido una experiencia similar más alejada de la razón y de la luz que esta, así que solo le trajo algunos recuerdos que intentó con todo su ser no traer a flote en este momento.

  —Siento el dolor y la pena de Davey, debemos estar cerca —Jacob tuvo nuevamente la necesidad de tomar aquel cilindro de bronce. Lo tomó, lo miró a contraluz; por alguna razón, este le daba confort.

  Por un instante, Jacob perdió de vista a aquel espíritu efímero guía. Su distracción momentánea le hizo perder el rumbo y, por un momento, silencio. El aire dentro de Yelbitsin era caliente y agobiante.

  —?Era así o solo no lo notaba? —Jacob no pudo recordar esta sensación al momento de entrar. Echando una mirada a los lados y atrás, pudo ver que se encontraba en un amplio claro libre de formaciones rocosas. Aquel claro formaba un área circular que dejaba entrar un poco de luz que, por la hora, ya estaba desapareciendo, inundándose de oscuridad.

  Perplejo, Jacob se detuvo unos instantes, mirando cómo de los rincones y lugares donde la luz esquivaba, casi temerosa, se acurrucaban espíritus: no solo efímeros, sino personas, objetos y plantas. Todos lo miraban atentos.

  Todos miraban a aquel evocador temeroso, trazando una línea alrededor de sí. Con miedo e intensidad en el círculo, Jacob se sintió abandonado. Poco a poco, los espíritus efímeros más peque?os y moribundos caminaron hacia él, prendiéndose en flamas tornasol con cada paso que daban dentro de la barrera. Un espectáculo de ascuas multicolor lo empezó a rodear, avanzando sin temor a consumirse. Varios espíritus eran exorcizados a su alrededor.

  —?No vengan, se quemarán! —Jacob dijo en voz baja. Los espíritus más moribundos decayeron ante él y desaparecieron como humo en el aire.

  —?NO AVANCEN, NO PASARáN DE LA BARRERA! —Jacob, temeroso, tomó un pu?ado de sal y lo arrojó alrededor de sí mismo.

  —?Sigan su camino y yo seguiré el mío, no vengo por ustedes, solo estoy de paso... por favor... váyanse! —Varias fumarolas se levantaban alrededor de Jacob mientras él se tomaba la cabeza con ambas manos, en pánico total.

  —La muerte de un espíritu —pensó, asustado e inmóvil. Justo en ese momento, un segundo grupo de espíritus se movilizó de entre las sombras, corriendo al ver la oportunidad de forzarse en Jacob; para ellos, la situación era perfecta. Pero esta vez, al primer paso, el límite mental del joven evocador se debilitó. Con una punzada en la sien, un hilo rojo y tibio brotó de su frente. Con el segundo paso de aquellos seres que se adentraban en su límite mental, empezaban a hablarle cada vez más de cerca.

  —?Límite y continuidad, ley de Massacrax…! ?FORJAR UNA ESPADA, HACER UN VEHíCULO DESDE CERO, COMER DELICIOSA CARNE, IR CON ITHIL Y MINA EN AVENTURAS, DESCUBRIR QUé ES EL HIERRO BLANCO! —Jacob, en dolor y miedo, se concentró en aquellas cosas que le hacían ser él, en forjar objetos en su propio ser, en sus recuerdos. Aquellos seres repentinamente se detuvieron y, como peque?os copos que emanaban de los espíritus, nuevamente ascuas coloridas se levantaban ante él. Algunos de estos espíritus tomaron un paso atrás, regresando a las sombras; otros más amenazantes y decididos siguieron caminando. Poco a poco, aquellos que caminaron hacia Jacob comenzaron a destellar en tonos azules y blancos.

  —?Retírense de aquí, no tengo intención de pactar con ninguno de ustedes! —Jacob empezó a sentir la amenaza de los espíritus, que trataban de forzarse en él. Jacob delimitó otro límite, esta vez más fuerte que la anterior: una barrera se trazó alrededor de él, creando una especie de hexágono pulsante.

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  —?Espíritus errantes, entes efímeros! ?Váyanse de este lugar, no hay nada para ustedes aquí! —Aún asustado, Jacob, cerrando los ojos y firme, gritó a toda fuerza. Varios entes se comenzaban a juntar alrededor de él. Algunos eran calcinados por la primera barrera; otros solo recibían da?o para detenerse en la barrera rojiza del Ofuda como si fuese un muro de vidrio. Aun así, el miedo empezó a carcomer los límites mentales de Jacob. Con caras imposibles y rostros horribles, se golpeaban de frente en la barrera para escurrirse burlonamente por esta hasta el piso. Con manos y extremidades fantásticas, la barrera rojiza de Jacob empezó a ser estrangulada.

  —?Fuera de aquí! ?Váyase, ?NANAAA! —Jacob gritó recordando a su cuidadora de toda la vida. Nana le llamaba. Llevó nuevamente sus manos a ambos lados de su cabeza y se acurrucó, tratando de calmarse. Ahí fue cuando su visión se nubló.

  —Tlank, Tlank, Tlank —Llegaba a los oídos de Jacob. Sus manos trabajosamente trataban de alcanzar el pomo de una puerta, dando peque?os brincos con toda su fuerza.

  —?Papá, déjame pasar! ?Papá, mamá, quiero entrar! —Un peque?o Jacob de 4 a?os golpeaba las dos puertas enormes de los talleres principales de la casa Mahogany.

  —?Nana, llévate a Jacob! —exclamó la voz de su padre, apurada y con un toque de miedo. Desde dentro del taller, donde él y su madre se encontraban recluidos desde hacía 3 días, una figura alta como árbol, de piel bronceada, pelo negro y corto, caminó hasta la puerta donde Jacob lloraba.

  —?Se?orito, qué hace usted aquí? Ya pasó la hora de dormir por mucho —dijo Nana con una voz clara como cristal, tomando al peque?o Jacob por debajo de sus brazos y llevándolo a su pecho, donde Jacob se acurrucó, sollozando.

  —?Papá y Mamá no salen, y hay un enorme animal que se escabulló dentro del taller con ellos, tengo miedo que algo pase! —Jacob apuntó al cuarto, donde él miraba cómo algo se escurría por debajo de la puerta mientras temblaba incontrolable.

  —Calma, calma, todo tiene un principio, un fin... y un continuo. Me alegra que usted pueda verlos, Se?orito… pero eso significa que deberá aprender a lidiar con ellos —Jacob sollozó un poco más y miró a Nana.

  —?Está segura? ?No me da?arán? —Jacob preguntó. Nana solo caminaba por el pasillo, tarareando una canción suave y tierna.

  —?Oh, no, Se?orito! Lo lastimarán si pueden, no confíe en ellos, traición y da?o es su nombre. Ahora que saben que usted puede verlos, lo tratarán de tomar como a un pan dulce lo persigue un ni?o. Relájese, joven amo, podrá encontrar mucha información de ellos en la biblioteca. Le aconsejo que si no quiere sufrir una horrible suerte, estudie lo más que pueda, lea, devore los libros; solo ahí estará su salvación —Jacob se detuvo un instante y su miedo llegó al tope. Repentinamente, la voz de Nana no era la que él conocía; algo profundo resonaba entre las vocales y algo ruin entre las consonantes. Temeroso, volteó a ver a Nana, pero solo vio oscuridad y miles de manos y bocas que se acercaban a él con un anhelo egoísta y despiadado.

  —?Haaaaaaaa! —Con un grito, Jacob despidió una enorme onda de energía, expulsando a varios espíritus que estaban ya adentrándose en él. Extrayendo fuerzas de su interior, Jacob tomaba con las manos a 3 espíritus que tenían varios hilos de oscuridad introducidos en su boca y oídos, arrancándolos dolorosamente. Las palabras y deseos de aquellos entes salieron de su mente como si una multitud repentinamente se silenciara y volteara a mirar a Jacob. Con ojos brillantes y bocas abiertas, desaparecieron como tinta en el agua, todos menos uno, que permaneció sin voltear a ver a Jacob.

  —?Quién eres?, ?qué necesitas? —Temeroso, Jacob dijo, juntando sus fuerzas restantes. Ya muchos espíritus alrededor de él se estaban alejando; solo se encontraban él y aquel espíritu que se negó a irse. Esa melodía nuevamente resonaba en el aire, aquella canción que Nana continuamente le cantaba. Tomó por instinto aquel objeto tubular que encontró y simplemente comenzó a seguir aquella canción que Nana solía cantar tantas veces en su ni?ez.

  Tambaleándose por los pasillos de Yelbitsin, Jacob caminó por un camino de luz para llegar a un claro cercano a la orilla del mar. Granos verdes en la arena relucían en la luna llena que brillaba fuerte en el firmamento. La marea alta cubría gran parte de la playa, creando un fino espejo de agua cristalina que solo era discernible con los pasos que perturbaban la superficie, y más adentro, el perfil de dos personas, uno atrás del otro. Al frente, un chico de no más de 25 a?os se encontraba de rodillas, llorando frente al mar, cantando una canción a secas y en tono triste:

  "Todos a bordo, mira el sol,

  es tarde para todos, despídete de ese amor.

  ?Adónde vamos, se?or navegante?

  ?Adónde, a la tierra verde y fragante?

  Adónde voy, no sé decir,

  perdóname, amor, no volveré.

  Se hace tarde, la luna ya llega,

  ?Icen las velas!

  ?Todos a bordo!

  ?El mar se estremece!

  ?Díganles a todos que el marino no desfallece!

  Todos juntos como una familia,

  llévame lejos, barco, amada mía,

  donde la tierra es verde y benigna,

  ?que nunca digan que no fui un navegante!"

  Aquella figura detrás del chico parecía tararear la canción, acompa?ándolo con una voz inhumana y etérea que casi parecía un instrumento de viento. Jacob miró a aquella joven que al principio parecía estar sentada en un banco de madera y percibió que sus piernas se esfumaban en niebla. Jacob sintió un aura perversa y miró atrás de sí nuevamente y pudo ver una miríada de entes y espíritus efímeros, que tal vez para otra persona no eran tan temibles, pero frente a Jacob revivían experiencias pasadas y esto los convertía en horribles apariciones. Todos ellos eran detenidos inexplicablemente por la orilla del agua que llegaba hasta la boca de los pasillos de Yelbitsin.

  El extra?o espejo creado por la marea anormal en la playa reflejaba un mundo muy diferente al nuestro, visiones del otro lado permeaban y desbordaban en el lugar. Aquella realidad brillaba en colores ajenos y en visiones desprovistas de lo que nosotros llamábamos realidad. Davey, perdido en su trance, seguía repitiendo su canción sin parar. Detrás de él, acompa?ándolo, estaba aquella entidad que, sin más, solo lo acompa?aba tarareando de manera que una voz humana jamás hubiera podido. Aquella escena se sentía triste más que atemorizante; con una mirada fugaz, aquella tristeza fue olvidada por un momento, mirando a Jacob.

  — ?Usted es el enviado por la Unión de Navegación? Un gusto, mi nombre es Davey — preguntó aquel chico mirando el mar sin voltear atrás.

  — ?Así es, soy Jacob Mahogany!… ?Te he estado buscando! — Jacob tomó de su bolsa aquella carta que le entregó la chica en el hotel. El espíritu saltó de su mano, planeando con la carta y flotó junto al chico para, unos momentos después, sentarse tristón junto a Davey. Jacob suspiró y miró atrás una vez más. Varios espíritus efímeros miraban atentos e intrigados aquella escena, como esperando por una oportunidad.

  — ?Bien, como podrá ver, aquí estoy esperando por mi castigo! — respondió Davey.

  — ?Por qué castigo, Davey? Aún no sé si fuiste tú —. Poco a poco los vientos procedentes del mar empezaban a incrementar.

  — ?Se?or Jacob, como ya pudo averiguar, era nuestra responsabilidad el verificar todo aquella tarde! El Viejo O’Donnell nos dijo que… que podíamos saltarnos la guardia, que todo estaba bien, él mismo verificó todo para que pudiéramos descansar… ?Nos mintió, se?or Jacob… nos mintió! — El enojo de Davey repicaba en cada palabra, carente de odio y lleno de arrepentimiento. Las responsabilidades que dejó ese día eran sin duda la clave, pero no la razón del hundimiento.

  — Pero… ?pero era nuestra responsabilidad y ahora el Rosa María está hundido! Y con él… mi querido órgano está también en el fondo — Davey estaba visiblemente destruido. Justo en ese momento, Jacob sintió un ligero pinchazo en su frente acompa?ado por otro hilo tibio y rojo de sangre que se unió al anterior.

  — ?DAVEY, no puedes cambiar lo sucedido, pero puedes ayudarme a ver que los culpables sean castigados! ?Seguías órdenes, no fue tu culpa! Actuaste bajo enga?o —. Un viento innatural arreciaba en la playa. Las olas espesaban a llegar con más vigor que antes. El círculo alrededor de ellos se llenaba de espíritus de otros tipos, algunos más peligrosos que los que ya estaban ahí, miraban con curiosidad la situación.

  — ?Davey, no fue tu culpa! ?El Capitán Johan y O’Donnell son los culpables! — Jacob insistió, tratando de dar una luz de razón a Davey.

  — ?No, se?or Jacob… no! Un barco depende de toda la tripulación para mantenerse a flote. No puedo culpar a nadie más. Si no me hubiese quedado a tocar mi órgano toda la tarde en vez de terminar mi trabajo, el barco seguiría en pie y mis compa?eros… — Davey se derrumbó en llanto justo antes de terminar esa frase.

  El viento arreciaba más y más en las orillas del mar.

  — ?Tu órgano? — Jacob preguntó.

  — Sí… mis compa?eros me decían en medio de la calma y la tormenta… "Davey, toca esa cosa, no podemos cantar sin el órgano", y todos juntos comenzaban…

  Todos a bordo mira el sol

  Es tarde para todos, despídete de ese amor

  Adónde vamos, se?or navegante

  ?A dónde? A la tierra es verde y fragante

  Adonde voy no sé decir

  Perdóname, amor, no volveré

  Se hace tarde, la luna ya llega

  ??Icen las velas!!

  ??Todos a bordo!!

  ??El mar se estremece!!

  Díganles a todos que el marino no desfallece

  Nubes cercanas se tornaban negras y comenzaban a agruparse en torno a ellos como si el cielo los asediara.

  Justo al cantar, aquella mujer de atrás sonó más reconocible. Jacob tomó de su bolsa aquel objeto cilíndrico y miró una vez más; del lado izquierdo tenía grabado un DO que debería ser la nota asociada. Sin duda, esta era parte del órgano.

  Jacob no lo notó anteriormente, pero aquella jovencita trataba con todas sus fuerzas de llamar a Davey. Sin éxito, el viento y la obscuridad, cada vez más intensas, tornaban la tarde en una fría noche.

  — ?Ella es el órgano? ?Todo este tiempo he estado escuchándola? — Jacob pensaba mientras la jovencita, sin moverse de su lugar, llamaba con todas sus fuerzas a Davey. Jacob sintió el peso de la tristeza del órgano que comenzaba a sentirse alrededor.

  — Parece que el órgano quería mucho a Davey, ha estado tratando de contactarme desde el primer día — Jacob pensó y, conteniendo todo su miedo, finalmente habló con el órgano:

  — ?Puedo ayudarte, pero necesito saber qué quieres hacer! —

  Jacob miró al órgano. Aquella joven volteó la mirada asintiendo, comenzó a moverse junto a Jacob y apuntó con la mano a aquel cilindro que Jacob tenía en la mano. Jacob, temeroso, levantó este y asintió.

  Justo como en aquel día del hundimiento del Rosa María, olas y vientos comenzaron de la nada.

  — Entiendo, Davey no te deja acercarte a él, está muy triste, su culpa es muy grande y no puede escucharte. El espíritu efímero de tristeza se está uniendo al de su culpa; lo devorarán si no actuamos rápido — Jacob examinó más de cerca a Davey. Un regordete ser entraba por su espalda, forzándose, mientras que el espíritu del órgano intentaba tirar de este sin éxito.

  — Si no hacemos algo pronto, los espíritus efímeros tomarán por completo a Davey. Parece que está reaccionando un poco a ti… en lo personal, tengo miedo de ti… pero por favor, ayúdame a rescatar a Davey — Jacob pidió ayuda al espíritu del órgano, aquel que tanto quería Davey en el Rosa María. Por fin podía verlo claramente. Jacob tomó aquel cilindro y se concentró para poder entrar en plática con aquel espíritu:

  — ?Soy Jacob, herrero de profesión y evocador de nacimiento del Valle de Brodovia! Bajo la autoridad de mediador de Sefte te otorgo un nombre, Lizva de órgano, ?préstame tus servicios sobre el Apodéxis de Cannu, sé una de mis voces! — Aquel espíritu aceptó con un rápido movimiento de su cabeza. Jacob sonrió un poco para sí.

  — Yo, dentro de mí, 12 asientos, 4 jurados, un deseo, 3 palabras, 6 deseos, 9 anhelos, 18 compasiones, 36 eternos, llévame y guíame por mi propio camino y auxilia mis acciones —. Con un silbido arremolinante, aquella aparición se introdujo en Jacob. Un sentimiento profundizó en su cuerpo y sintió como si su corazón cantara. Por un instante vio un mundo de notas y música que nunca antes había percibido. Aquel pacto ahora no parecía ser tan atemorizante, muy diferente a sus interacciones anteriores con espíritus efímeros.

  — ?Davey, te gustaría tocar un poco más? — Jacob preguntó. Con un movimiento de su mano, un hermoso órgano en plata y marfil apareció delante de ellos.

  — ?Mi órgano, en serio está aquí! — Davey corrió alegre, alejándose de los espíritus efímeros que lo rodeaban y arrojándolos por los aires. Se levantaba un aura increíble de alegría que llenó el alma de Davey, que tocaba al tiempo que cantaba animado. Jacob miró al horizonte donde un par de mástiles emergían del mar.

  El Rosa María emergía de entre las aguas brillando en tono azul fulgurante y, unos momentos después, Jacob pudo escuchar a la tripulación cantar a la par de Davey. Un coro fantasmal se escuchaba en la orilla del mar. El Rosa María regresaba por Davey.

  — Davey, estás bien, tus compa?eros no te guardan rencor ni es tu culpa, regresemos ya — dijo Jacob, dándole paso a Davey, pero él no regresó con Jacob.

  — ?No, se?or Jacob, he decidido unirme a la tripulación una vez más! Aquí en tierra no puedo hacer nada bien, con ellos estoy mejor. Le encargo mucho a mi órgano, ?muchas gracias! — Aquel brillo llenó el lugar para disolverse nuevamente entre la tormenta creciente y dejar atrás un rastro de aceite y maderos rotos. Jacob se acurrucó junto a aquella figura de luz; Lizva lo protegía ahora, y poco a poco las fuerzas abandonaron su peque?o cuerpo, cayendo en un placentero y profundo sue?o.

  Gaviotas y olas cantaban juntos. El sol estaba en el punto más alto del cielo y un peque?o bote paseaba por la orilla. En él, un preocupado Florence usaba varios espíritus de perros; estos correteaban entre las olas y las piedras, desafiando sus anteriores limitaciones cuando estaban vivos. Pronto, varios corrían guiados por su nariz a un montón de maderos y algas en una cuneta de piedra.

  — ?Se?or Jacob? ?Qué hace aquí? En este tiempo, el Yelbitsin se inunda por completo en las tormentas — Florence, el jefe de puerto, pasaba por el área en un bote de motor. El sol brillaba fuerte, quemando con energía como si quisiera despertarlo. Aquel marino grande corría bajándose del peque?o bote de rescate.

  — Lleva perdido más de 3 días, se?or Jacob. Justo lo encuentro. Hemos encontrado un montón de escombros del Rosa María, como si fuera expulsado del fondo; los fragmentos están por toda la orilla — Florence prosiguió. Jacob solo asintió y se acercó a subirse al bote de motor.

  — Está bien, se?or Florence, ya acabé de investigar. Ma?ana mismo llevaré la carta con mi reporte — Jacob apretaba aquel tubo que ahora era su primer espíritu pactado.

  — Muy bien, se?or Jacob, ahora salgamos de aquí — gritó Florence; el viento arreciaba.

  — Así es, se?or Florence, vámonos. Mi trabajo terminó, el Rosa María ya descansa — Jacob y Florence se apartaron de Yelbitsin, dejando atrás a Davey y al Rosa María, que ahora navegaban libres por todos los mares.

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