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Capítulo 66 — El Portador que Respira en Dos Direcciones

  La luz no volvió de inmediato cuando Syra abrió los ojos.

  O tal vez sí.

  Tal vez fue él quien tardó en reconocerla.

  Había algo distinto en su respiración…

  un ritmo que no era de un cuerpo agotado, ni de un guerrero en guardia.

  Era algo más antiguo.

  Más sereno.

  Más… inevitable.

  Yo me acerqué despacio.

  El espacio alrededor todavía parecía fracturado por la presencia de la Primera Espada.

  Como si el mundo necesitara unos segundos para recordar su forma después de haber visto lo que Syra podía llegar a ser.

  él seguía mirando su mano.

  No la espada.

  No el brillo.

  No la forma incompleta que reposaba sobre su palma.

  Se miraba a sí mismo.

  —Ashy… —dijo sin levantar la vista—. Esto… ?soy yo?

  Me arrodillé frente a él.

  No como guardiana.

  Como alguien que entiende el peso de una verdad demasiado grande para cargar solo.

  —No.

  Esto no “eres”.

  Esto es lo que aceptaste dejar de negar.

  La espada vibró con un pulso lento, casi un latido.

  Syra tragó saliva.

  —Se siente… vivo.

  —Porque lo está.

  Las primeras espadas no existen como armas.

  Existen como caminos.

  él alzó por fin la mirada.

  Sus ojos tenían dos tonos superpuestos:

  uno oscuro, profundo, como un mar sin fondo…

  y uno claro, nítido, cortante como aire frío al amanecer.

  Dos verdades.

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  Sin pelear.

  Por primera vez.

  Syra respiró hondo.

  Y su voz cambió.

  No en firmeza.

  En peso.

  —Ashy… tú dijiste algo antes.

  Que desde aquí… nada volvería a ser igual.

  Asentí.

  —No lo será.

  —?Por qué?

  Yo extendí mi mano y toqué la espada dormida.

  Un peque?o temblor recorrió el espacio.

  No amenaza.

  Reconocimiento.

  —Porque a partir de este momento… el mundo va a empezar a sentirte.

  De verdad.

  No a través de marcas.

  No a través de ecos.

  No a través de heridas.

  A través de tu presencia.

  Syra frunció el ce?o.

  —?Eso es… malo?

  —Eso significa —respondí, acercándome más—

  que ya no eres una posibilidad.

  Eres un punto fijo.

  Y los puntos fijos… hacen que los demás tengan que moverse.

  La luz alrededor se intensificó muy lentamente, como si el Crepúsculo hubiera contenido la respiración durante todo el ritual y recién ahora se permitiera exhalar.

  Syra apretó la empu?adura de la espada aún dormida.

  Luego habló más bajo.

  —Ashy…

  si ya tengo esta espada…

  ?qué sigue?

  Me quedé en silencio un momento.

  No porque dudara.

  Sino porque algunas verdades no se dicen de golpe.

  —Lo que sigue, Syra…

  es que el mundo va a venir a buscarte.

  él tensó los hombros.

  —?Para matarme?

  Negué.

  —Para probarte.

  Para “medirte”.

  Para ver si eres peligro…

  …o solución.

  La grieta detrás de él empezó a cerrarse con un sonido tan tenue que más que oído, se percibió en la piel.

  Syra dio un último vistazo al interior.

  A la noche sin cielo.

  A las sombras que lo obligaron a verse.

  A la figura que pudo ser.

  A la que eligió no ser.

  A la que eligió ser.

  Luego pasó al frente.

  —Ashy…

  si el mundo viene…

  ?tú también vendrás?

  Mi luz se extendió alrededor de él sin pedir permiso.

  —Yo no “vengo” detrás de ti, Syra.

  Estoy contigo.

  En lo que sigues siendo.

  En lo que estás dejando atrás.

  Y en lo que aún no sabes que puedes despertar.

  La grieta se selló con un último destello.

  Syra miró la espada.

  La sostuvo con ambas manos.

  Respiró profundo.

  Y dijo, apenas audible:

  —Arco nuevo, ?cierto?

  Sonreí de lado.

  —Arco nuevo, Syra.

  Y esta vez… no lo empieza tu pasado.

  Lo empieza tu existencia.

  El viento del Crepúsculo se movió por primera vez desde que llegamos al valle.

  Como si el mundo hubiera decidido que sí…

  que podía temblar un poco.

  Porque el portador ya estaba despierto.

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