Cáliban caminó hacia una peque?a biblioteca pública, consciente de que necesitaba comprender mejor el mundo en el que ahora habitaba. El lugar, aunque modesto, estaba bien organizado, con estanterías llenas de libros que abarcaban desde la historia local hasta tratados mágicos y manuales técnicos. Mientras buscaba entre los títulos, su atención se detuvo en una sección de historia.
Villa Reidell, según los libros, había sido fundada hace unos 235 a?os por Leona Reidell. Los textos relataban historias contradictorias sobre su origen… algunos afirmaban que había sido una princesa exiliada de un continente distante, mientras que otros sostenían que era la hija ilegítima de un rey de Kembur, una ciudad desaparecida hace 150 a?os.
?Curioso? —pensó Cáliban mientras recorría con la mirada las estanterías en busca de algo más específico. Sus ojos finalmente encontraron un grueso volumen con una portada de pasta dura. El título relataba: Historia y Legado de la Academia Grand Delion.
—Debe ser este. —dijo para sí mismo mientras tomaba el libro y lo llevaba a una peque?a mesa cercana.
Se sentó, abrió el libro y le dio un sorbo a la bebida que había comprado afuera. El dulzor le arrancó un leve suspiro. Era extra?o cómo algo tan simple podía resultar tan placentero. Había olvidado el sabor de las comidas mortales, y esta bebida le trajo un leve destello de nostalgia.
—Bueno… las bebidas no están tan mal. A Karina le hubieran encantado...
Su voz tenía un tono melancólico, como si cada palabra pesara con la carga de recuerdos largamente enterrados. Karina Quiell… su doceava hermana, la menor de los 12 Discípulos de Avalos, un grupo de seres excepcionales a los que Avalon había llamado su familia. Aunque no siempre habían tenido una relación cercana desde el principio, los a?os y las pruebas los habían unido de manera irrompible. Entre todos ellos, Karina, una pixie nacida de la unión de un hada y un duende, había ocupado un lugar especial en su corazón.
Mientras bebía, los recuerdos comenzaron a desbordarse. Las escenas del pasado, nítidas y vívidas, lo atraparon con fuerza. Cerró los ojos, permitiendo que la melancolía lo sumergiera en un tiempo que había tratado de olvidar.
En medio del cosmos, un gran templo flotaba sobre una isla suspendida en el vacío. Su estructura temblaba mientras las estrellas parecían danzar en un ritual celestial. Energías puras convergían en un remolino que emergía desde el techo del templo, lanzando rayos púrpuras que atravesaban los cimientos con furia.
En el centro de esta tormenta de energía, una figura peque?a y luminosa se encontraba absorbiendo el poder de los relámpagos. Era Karina, su hermana menor. Su cuerpo brillaba con una intensidad electrizante mientras las vibraciones del cosmos resonaban con cada descarga. Después de unos segundos, finalmente, todo quedó en silencio.
Karina abrió sus ojos, que ahora brillaban con un fulgor púrpura, y se dirigió hacia Avalon, quien la observaba desde la entrada del templo. Era imponente, una figura de tres metros cubierta por una armadura negra y una máscara que ocultaba sus facciones. Solo sus ojos carmesíes, brillando bajo la sombra de una capucha, rompían su oscura apariencia.
Con un grito de júbilo, Karina corrió hacia él.
—?Mira, hermano! ?Por fin pude hacerlo! ?He avanzado al siguiente nivel de mi técnica de Relámpago Celestial!
El cuerpo de Karina estaba envuelto en rayos púrpuras que chisporroteaban con vida propia. Su alegría era contagiosa, y Avalon, aunque no lo demostrara del todo, sentía un profundo orgullo.
—Lo lograste, Karina —dijo con voz grave, pero cargada de calidez.
La peque?a pixie se lanzó hacia él, abrazándolo con sus peque?os brazos, mientras los rayos que aún resonaban en su cuerpo chisporroteaban sin causarle da?o. Avalon, aunque endurecido por las batallas y el tiempo, permitió que una ligera sonrisa se formara bajo la máscara, un gesto que sólo Karina podría inspirar.
—Sabía que lo lograrías… pero recuerda no ser impaciente. El trabajo duro recompensa a quienes tienen paciencia y constancia, no a los que se apresuran sin pensar.
—Está bien… —respondió Karina con una enorme sonrisa, aferrándose con fuerza al brazo de Avalon.
Avalon dejó escapar una peque?a risa y posó su mano sobre la cabeza de su hermana menor, acariciándola con cuidado, elogiando su logro. Sin embargo, justo después, le dio un leve golpe en la frente, lo que hizo que Karina saltara de sorpresa.
—?Auch! ?Eso duele! ?Por qué? —gritó, sobándose con ambas manos.
—?De verdad crees que no sé lo que pasó con las frutas de fuego del hermano Lucan?
El rostro de Karina se tornó pálido al instante. Sabía que no había forma de enga?ar a Avalon, pero intentó una respuesta rápida.
—Ah… yo… no sé de qué hablas…
Bajo la mirada fija de Avalon, su peque?a estrategia se desmoronó rápidamente. Comenzó a temblar y, antes de que pudiera soportar más presión, decidió confesar.
—?Es que tenía hambre! ?Y las frutas del hermano se veían muy ricas!
Avalon alzó una ceja. Con su tono tranquilo, pero severo, dijo:
—El hermano Lucan te ense?ó la técnica de suplementación energética para que no necesitaras comer.
Karina desvió la mirada, sus mejillas se encendieron por la vergüenza.
—Es que… se me antojaron…
Avalon dejó escapar un largo suspiro y asintió.
—Bien… hablaré con el hermano Lucan. Pero no lo vuelvas a hacer. Sabes cuánto valora su jardinería. Esas frutas tardan 100 a?os en crecer. Se va a enojar mucho.
—?No creo que se enoje tanto conmigo! ?Soy su adorable hermana menor!
Avalon dejó escapar una risa leve.
—?Ah, sí? Cuando Karrigan se comió sus raíces de penumbra celestial, lo encadenó a un sol durante medio milenio. Incluso cuando se frustraba, sacudía el sol con la misma cadena como si fuera una pelota, dándole vueltas por el universo. Cuando Karrigan salió de su castigo, estaba lleno de quemaduras… y vómito.
El rostro de Karina se tornó completamente blanco. Con un grito de pánico, abrazó con fuerza a Avalon.
—?Por favor, hermano mayor! ?Habla con el hermano Lucan! ?No quiero terminar anclada a un sol!
Avalon soltó una carcajada baja y asintió.
—Está bien… hablaré con él. Pero tienes que disculparte. ?Entendido?
Karina asintió con entusiasmo. Ese recuerdo llenó de calidez el corazón de Avalon, haciéndolo revivir la inocencia y los días felices con su hermana menor. Sin embargo, esos recuerdos dulces eran apenas una parte del pasado. Detrás de las rosas también existían las espinas, y las sombras de otros momentos comenzaron a surgir en su mente.
En una lúgubre cripta, adornada con rosas de colores tan extra?os que parecían irreales, Avalon caminaba lentamente hacia un pedestal. Sobre este descansaba un cuerpo cubierto con un sudario fino, delicado y hermoso. A su lado estaba Karrigan, con su cuerpo cubierto de heridas. Su sangre dorada caía lentamente al suelo mientras mantenía la cabeza agachada.
Karrigan levantó la vista hacia Avalon, con su voz rota y llena de dolor.
—Hermano… lo siento. No llegué a tiempo para salvarla. Si me hubiera apresurado, aunque sea un poco más… tal vez habría podido…
Avalon colocó una mano sobre su hombro, tratando de consolarlo.
—Está bien, hermano. No necesitas preocuparte… no fue tu culpa, fue mía. Yo no debí haberle dado esa misión… no debí haberla dejado sola.
Con pasos lentos, se acercó al cuerpo de Karina, su querida hermana menor. Sentía cómo un agujero oscuro se abría en su corazón con cada paso. Cuando estuvo frente al cuerpo, su mano tembló mientras apartaba suavemente el sudario que cubría su rostro. La culpa y el remordimiento lo envolvieron como un manto pesado.
—?Su… su alma…? —murmuró con la voz quebrada.
Karrigan bajó la mirada.
—Sí… se ha ido. Fue devorada por el apóstol contra el que luchaba.
El pu?o de Avalon se cerró con una furia contenida mientras su cuerpo temblaba.
—No te preocupes, peque?a… te prometo que destruiré cada fragmento de aquel que te hizo esto… lo hiciste bien… ya puedes descansar…
Cáliban abrió los ojos bruscamente, para él, los recuerdos aún estaban frescos en su mente. Karina, su hermana menor, la más pura y alegre de todos ellos. Su calidez llenaba su corazón, pero los recuerdos de su muerte avivaban un fuego oscuro dentro de él.
?Incluso a nuestra peque?a hermana menor… Karrigan… tú también fuiste una víctima de todo esto. Pero eso no cambia nada. Nuestra venganza llegará, aunque deba reconstruir todo desde las cenizas.?
Cáliban cerró los ojos, tomando un momento para calmar las emociones que vibraban en su interior. El cristal que residía en él había respondido a sus sentimientos, haciendo que la mesa de la biblioteca temblara violentamente. Con un suspiro, expulsó la tensión de su cuerpo.
—De nada sirve pensar en esas cosas… —murmuró para sí mismo.
Regresó su atención al libro que tenía frente a él, sumergiéndose nuevamente en la lectura.
La Academia Grand Delion, según el texto, era una institución legendaria fundada hace 150 a?os por el archimago Kasus Delion, quien aún dirigía la academia gracias a su longevidad arcana como mago del doceavo círculo, un nivel de poder que solo existía en leyendas.
La academia dividía a sus estudiantes en cuatro casas, cada una enfocada en un aspecto único del potencial sobrenatural.
La creación, un entramado de poder que permanece siempre inmutable ante las corrientes mortales, era tejida con los finos hilos que la sostienen, resuenando en su propia esencia.
Una de ellas se llama “Maná”, siendo una energía que le permite a su usuario doblegar las leyes universales. Estos grandes personajes son llamados Magos, pertenecientes a la Casa de los Sabios, aquellos en busca del conocimiento definitivo. Recorren la senda de los eruditos, su emblema, el Dragón, representa su íntima conexión con la magia.
La espada, los pu?os, escudos, arcos… miles de armas son manejadas en el mundo, pero, ?Cuál es la importancia de estos artículos? ?Cuál es el límite del cuerpo mortal? ?Nuestro destino es ser débiles para siempre? Preguntas como estas han recorrido todo el continente. Miles de maestros han buscado explorar las posibilidades de estas preguntas por sí mismos. Convirtiendo sus pu?os en armas capaces de romper monta?as, espadas capaces de dividir ríos, lagos y mares, han sido capaces de detener el trueno en la lluvia con solo su voluntad. Si, voluntad, de esto se trata… solo cuando nos encontramos en el fondo del abismo, podemos ver el potencial de aquello a lo que aspiramos ser… ser fuerte, ser veloz, ser imparable, un camino cimentado solo para los más valientes. Así es, esta es la Casa de los Valientes, ellos no dependen de energía, no dependen de corrientes multiversales, solo su ardiente voluntad para moldear el mundo con sus propias manos. Usando su energía denominada “Aura”, su símbolo es representado por el Qilin, bestias legendarias cuya voluntad es capaz de parar a la misma madre naturaleza. Huracanes, terremotos, inundaciones, no hay nada en este mundo que no puedan quebrantar con su paso.
Y hablando de naturaleza. Es muy difícil conocer la delgada línea entre lo material y lo inmaterial, pero si hay criaturas que son capaces de rozarla, son los espíritus elementales. Seres amorfos que provienen de una dimensión diferente, con leyes que sobrepasan la mente mortal, conectados por los elementos de la naturaleza para adaptar sus formas, buscando portadores nobles y decididos para crecer. Guerreros nacidos con los que comparten una conexión, como el rugido que procede de una tormenta, la calma que arrulla los ríos y lagos, el estruendo de las monta?as al retumbar o los cantos de los vientos que resuenan por el firmamento… siendo uno solo, siendo una sola “ánima”. Aquellos que nacen para ingresar por esta vía son recibidos en la Casa de los íntegros. Siendo su símbolo el noble Fénix, gobernante del fuego, la encarnación del poderío y la destrucción de las llamas, así como el hálito vivas y amable del calor, dos caras de la misma moneda, dos caras de la misma naturaleza.
Sin embargo, aun con todo esto, todavía existen aquellos que no se acoplan a ninguna de estas notables casas. Mutación, suerte, maldición o incluso bendición, son algunos de los nombres que ha recibido cierta condición en las personas, una condición que les permitía dominar varias formas en su cuerpo, adaptando dos energías simultáneamente. Aunque son pocos los que nacen con este don, sigue siendo un destino cargado de proezas o castigos. Pues los más grandes héroes y villanos, han sido portadores de este favor, siendo su legítimo hogar la Casa de los Especiales. Instruidos por varias clases, su símbolo, el Byakko, un tigre divino de pelaje blanco, representa la unión de todas las fuerzas, pues posee el don de la Maná, la fiereza del Aura y nobleza del ánima, un espécimen único, siendo respetado, adorado y temido.
Cáliban leyó con detenimiento cada detalle, evaluando cuál sería la mejor estrategia para aprovechar esta oportunidad. Cerró el libro con decisión, devolviéndolo a su lugar en la estantería antes de abandonar la biblioteca.
—Es la mejor opción que tengo ahora. Recuperar mi fuerza requiere recursos, conocimientos y tiempo, y esta academia parece tener todo eso —pensó mientras caminaba hacia la sucursal donde podía inscribirse para el examen de ingreso.
Al llegar, lo primero que llamó su atención fue la variedad de razas que transitaban por las calles. Entre ellos, destacaba una peque?a goblin que trabajaba como recepcionista, quien agitó su peque?a mano verde con entusiasmo al verlo entrar.
—?Buenas tardes! ?En qué puedo ayudarle? —preguntó con una voz chillona pero amable.
—Disculpe, me gustaría tomar el examen de ingreso para la Academia Grand Delion. Traje toda mi documentación.
—?Claro! Por favor, llene este formulario —respondió, entregándole un documento —serían 50 Oloruns, por favor.
Cáliban sacó el dinero, recordando lo caro que era participar en esta prueba. Olorun, la moneda del continente, no era algo fácil de conseguir para la mayoría de las familias, y muchos jóvenes se desanimaban ante la dificultad del examen y los costos involucrados.
—La fecha programada para el examen será en cinco días. Asegúrese de estar aquí puntualmente —a?adió la goblin.
Cáliban asintió y salió del lugar. Durante los días siguientes, se dedicó a estudiar y a evadir a los cobradores que todavía lo buscaban. El tiempo se deslizaba rápidamente, y el día de la prueba se acercaba como una sombra ineludible.
Al caer la noche…
Desde las sombras del callejón, los ojos carmesíes de Cáliban brillaban con intensidad mientras observaba al hombre desesperado que suplicaba por su vida. Con paso firme y calculado, salió de la oscuridad y se plantó frente a él.
—?Por favor! ?Por favor! ?Déjame ir! ?No le diré a nadie, lo prometo!
—?Ya terminaste de llorar? —murmuró Cáliban, con un tono sereno pero gélido —Entonces dime, ?Cómo es que siempre saben dónde estoy? Sin importar dónde me esconda, siempre aparecen estorbos como tú intentando llevarme. ?Cómo lo hacen?
El hombre temblaba incontrolablemente mientras sacaba algo de su bolsillo. Con manos temblorosas, mostró un collar que tenía un dije con una piedra brillante que se movía frenéticamente, apuntando hacia Cáliban.
—?Es por esto! —dijo con voz rota.
Cáliban observó el objeto con cautela.
—?Qué es eso?
—Es… es un rastreador… usando sangre podemos localizar a cualquier persona deudora… o a sus familiares —a?adió mientras Cáliban entendía la mecánica del collar.
—Interesante… —respondió, asintiendo con calma.
El hombre, en su desesperación, arrojó el collar hacia él.
—?Tómalo! ?Tómalo y déjame en paz!
Cáliban atrapó el objeto sin apartar su mirada del hombre. En un movimiento rápido y predecible, el cobrador desenfundó un sable, intentando aprovechar la distracción para atacarlo. Pero Cáliban, anticipando esta jugada, esquivó con facilidad y, con un movimiento certero, lo degolló.
El cuerpo cayó pesadamente al suelo mientras la sangre empapaba el frío pavimento del callejón.
—Bueno… —dijo Cáliban, limpiando su arma lentamente —supongo que esto no puede esperar más. Tendré que encargarme de la deuda, o no podré avanzar en paz.
Guardó el collar en su bolsillo y se dirigió de regreso a la posada donde se hospedaba, dejando atrás el cadáver del cobrador.
El día de la prueba finalmente llegó.
Cáliban, puntual como siempre, llegó al edificio donde se realizaría el examen. En la sala de espera, se encontró con otros jóvenes, algunos visiblemente nerviosos y otros con miradas confiadas. Tras una breve espera, fueron guiados a un salón vacío.
Un profesor, de porte severo y mirada cansada, tomó la palabra.
—?Muy bien, escuchen atentamente! —comenzó con voz firme —Ustedes son el último grupo en ser evaluado hoy, así que explicaré las reglas una vez más. Tendrán 1 hora para completar este examen. Cualquier intento de trampa resultará en descalificación inmediata. Deben responder el examen en su totalidad.
Hizo una pausa para escanear a los estudiantes con sus ojos inquisitivos antes de continuar.
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—Solo se aceptarán 100 puestos. Los 10 mejores obtendrán los gastos pagados para enfrentar la segunda prueba.
Un joven orco, claramente confundido, levantó la mano desde su pupitre y se puso de pie.
—?Espere! ?Esto significa que si aprobamos este examen no iremos directamente a la academia?
El profesor negó con exasperación.
—No, claro que no. Este es apenas el primer examen, que se divide en dos partes: una prueba teórica y otra física. Necesitamos evaluar si cumplen con los requisitos mínimos para la segunda prueba, que se llevará a cabo en la academia. Si no pasan este examen, no podrán continuar.
La sala quedó en silencio mientras los estudiantes procesaban la información. El profesor golpeó el escritorio con una regla para captar su atención.
—?Muy bien! Si no tienen más preguntas, comiencen.
Los exámenes fueron repartidos y el aula quedó en un silencio sepulcral. La prueba incluía preguntas de historia de la nación, ecuaciones mágicas, matemáticas básicas y aplicaciones de energías fundamentales.
Cáliban, acostumbrado a lidiar con problemas mucho más complejos, respondió con rapidez y precisión. Mientras el resto de los jóvenes escribían frenéticamente, él entregó su hoja de respuestas mucho antes de que se agotara el tiempo.
El instructor lo observó con escepticismo cuando Cáliban se acercó al escritorio.
—?Estás seguro de que ya terminaste? No podrás recuperar el examen una vez que me lo entregues.
—Sí, ya terminé —respondió Cáliban con calma, dejando el examen sobre la mesa antes de regresar a su asiento.
El instructor frunció el ce?o… estaba acostumbrado a que los estudiantes agotaran cada minuto de la hora asignada, pero decidió no decir nada más. Ahora, solo quedaba esperar los resultados.
Cáliban permanecía sereno en su pupitre mientras los demás estudiantes entregaban sus exámenes con visible frustración o ansiedad. Su calma desconcertaba a los otros, quienes no podían evitar mirarlo de reojo, intranquilos por su presencia.
—?Muy bien! ?Eso es todo! ?Entreguen sus exámenes! —anunció el instructor, recogiendo cada hoja y asegurándose de que no faltara ninguna.
Tras contar los exámenes, el instructor condujo al grupo al patio trasero, donde aguardaba la segunda mitad de la prueba. Una marioneta de madera de apariencia inofensiva estaba de pie en el centro de la explanada.
—Muy bien, ahora harán lo siguiente… quiero que derroten a esa marioneta —dijo el instructor, se?alándola.
Algunos estudiantes dejaron escapar risitas nerviosas, mientras otros fruncían el ce?o, analizándola.
—Les aconsejo que no se confíen. Aunque su apariencia sea sencilla, esta herramienta es bastante problemática. Bueno… ?Quién quiere empezar?
Un joven robusto y confiado dio un paso adelante.
—Muy bien —dijo el instructor, anotando su nombre en una hoja —Puedes elegir cualquier arma del andamio allí. Suerte.
El joven escogió un hacha de batalla de tama?o descomunal. La marioneta, al detectar a su oponente, comenzó a moverse de manera grotesca. Un instante después, de su espalda emergió una réplica exacta del arma elegida por el joven.
—Oh, olvidé mencionar algo importante —comentó el instructor con una sonrisa astuta —La marioneta escaneará tus fortalezas y debilidades para replicarlas. Básicamente, tendrás que derrotarte a ti mismo.
El joven no se dejó intimidar y atacó con fuerza. Sin embargo, la marioneta bloqueó el golpe con facilidad y contraatacó, propinándole un impacto en el estómago que lo hizo tambalearse. Intentó recuperarse y lanzó un tajo limpio, pero la marioneta volvió a detenerlo. En un intercambio final, el artefacto superó la fuerza del joven, haciéndolo volar varios metros atrás, dejando caer el hacha rota sobre el pavimento.
—Muy bien, eso es todo —declaró el instructor.
—?Pero aún puedo…! —intentó replicar el joven.
—Es suficiente —interrumpió el instructor con una mirada penetrante —Puedes retirarte. ?Siguiente!
El resto de los estudiantes pasaron con resultados similares. Una joven elfo intentó usar magia, pero fue rápidamente contrarrestada por la marioneta. Uno a uno, los participantes caían derrotados, saliendo del campo con frustración o lágrimas.
Finalmente, el turno de Cáliban llegó.
—Bueno, tú eres el último —dijo el instructor, observándolo con interés.
—Entendido —respondió Cáliban, caminando hacia el centro.
La marioneta pareció dudar al analizar a su oponente. Su cabeza se movía de un lado a otro, como si estuviera procesando algo que no lograba entender.
??Qué le sucede a la marioneta?? —pensó el instructor, frunciendo el ce?o ante su comportamiento errático.
Cáliban adoptó una postura de combate, y la marioneta lo imitó al instante. El enfrentamiento comenzó con un violento intercambio de golpes. Ambos esquivaban y atacaban con precisión, pero Cáliban había notado algo crucial.
—No eres diferente de un robot, ?Verdad? —murmuró, esbozando una ligera sonrisa.
Conectó un golpe limpio en la cabeza de la marioneta, confirmando su teoría. El artefacto seguía patrones predecibles, siempre optimizando sus movimientos según la mejor ruta de ataque y defensa. Esto, paradójicamente, lo hacía vulnerable a un adversario capaz de prever esos patrones.
En un movimiento decisivo, Cáliban se deslizó bajo los pies de la marioneta, haciendo que esta saltara instintivamente para evitar un posible ataque. Pero este era exactamente el resultado que Cáliban había planeado.
—Ahora ya no tienes escapatoria… —dijo mientras atrapaba el tobillo de la marioneta en el aire.
Con fuerza descomunal, azotó a la marioneta contra el suelo repetidamente, hasta que las grietas comenzaron a expandirse por su cuerpo de madera. Finalmente, la marioneta se rompió en pedazos.
El instructor lo observó en silencio, visiblemente impresionado.
—Bueno… eso es todo, supongo…
—Lamento lo de la marioneta —respondió Cáliban, limpiándose el polvo de los nudillos.
—No importa. Fue dise?ada para entrenamientos, después de todo… —El instructor hizo un chasquido con los dedos, y los restos de la marioneta desaparecieron en un destello de luz. —Felicidades, has pasado la prueba. No olvides revisar los puestos en la plaza dentro de algunos días.
—Gracias —dijo Cáliban con una leve inclinación antes de retirarse.
Mientras caminaba hacia la salida, miró sus manos da?adas por el combate. Apretó los pu?os con fuerza, sintiendo una mezcla de insatisfacción y determinación.
?Esto resuelve una cosa. Ahora necesito ocuparme de lo otro…?
La noche cayó sobre una mansión lujosa, aislada en un rincón apartado de la ciudad. En el interior, un hombre corpulento estaba sentado frente a un escritorio, contando monedas con un ce?o fruncido. Cada pila parecía más peque?a que la anterior, aumentando su irritación.
—Siempre lo mismo… menos cada vez —gru?ó, rascándose la cabeza con frustración.
A lo lejos, en la penumbra de un tejado, una sombra observaba desde lejos, con ojos brillando en la oscuridad. La caza apenas comenzaba.
El hombre corpulento golpeó la mesa con fuerza, haciendo temblar las monedas sobre su superficie. Su rostro estaba rojo de ira, y su voz retumbaba por toda la habitación.
—?Mierda! ?Las cuentas no concuerdan! ?Falta dinero! ?Por qué? ?Quién falta de pagar?
Su mirada furiosa se posó en su asistente, quien retrocedió ligeramente, tragando saliva antes de hablar.
—S-Se?or, lo siento mucho, pero… los recaudadores que ha contratado… bueno, siguen desapareciendo. No sabemos qué está pasando, pero… —con manos temblorosas, sacó una lista y se la entregó al hombre —Aquí está la lista de los deudores.
El hombre tomó la lista con un gesto brusco y la revisó detenidamente. Nombres de mujeres y hombres de todas las edades figuraban en ella, junto a las cantidades adeudadas. Su mirada se arrugo al llegar al nombre que encabezaba la lista.
—?Mika’el Cáliban?
—S-Sí, se?or. Es un joven huérfano…
El hombre dejó escapar un bufido de reconocimiento.
—?Ah! Ya lo recuerdo. Ese muchacho… lleva arrastrando la deuda de sus padres. Es mochilero, ?No? ?Bah! No importa. ?Sigan buscándolo! ?A él y a todos los de esta lista!
Unos segundos después, alguien golpeó la puerta de la oficina. El asistente dio un peque?o salto, nervioso, y corrió a abrir. La figura de un joven adolescente entró con calma, su mirada era fría como el hielo.
—?Vaya, vaya! —exclamó el hombre corpulento con una sonrisa burlona, recostándose en su silla —Si es el hombrecito del que estábamos hablando. Me alegra que hayas venido. Me ahorras la molestia de tener que buscarte. Dime, ?Conseguiste el dinero? ?O tendré que llamar a los muchachos para que te ense?en a pagar tus deudas otra vez?
El hombre soltó una carcajada, mientras su asistente, más confiado, empezó a desahogar su frustración con rega?os.
—??Tienes idea de cuánto trabajo nos das, maldito ni?o?! ?Busca un trabajo y paga rápido! Siempre huyendo, siempre causando problemas...
Mientras los gritos llenaban la habitación, Cáliban se movía lentamente, entonces, su mano alcanzó su cinturón.
—Oh, no te preocupes —dijo, interrumpiendo al asistente con una voz tranquila y peligrosa —Aquí tengo el dinero…
El joven metió la mano en su bolsa, y en un abrir y cerrar de ojos, un cuchillo cruzó el aire, cortando limpiamente el cuello del asistente. El cuerpo cayó al suelo como un saco vacío, mientras un charco de sangre comenzaba a extenderse sobre las baldosas.
—?Qué demo-! —intentó gritar el hombre corpulento, pero Cáliban reaccionó con rapidez.
Le golpeó la cabeza con la bolsa de monedas, dejándolo inconsciente antes de que pudiera hacer algo más.
El hombre despertó minutos después, su cabeza estaba pulsando terriblemente de dolor. Miró a su alrededor con confusión, tratando de entender qué había pasado. Intentó moverse, pero descubrió que tenía las manos atadas firmemente a la espalda.
??Qué demonios…? ?Dónde estoy? Ese maldito ni?o…? —pensó, con sus ojos moviéndose frenéticamente.
Antes de que pudiera gritar, sintió algo frío y filoso presionando contra su garganta. La voz de Cáliban, baja y sin emociones, resonó en su oído.
—Muy bien, escucha con atención. Esto es lo que vamos a hacer. Me vas a guiar hasta tu bóveda, y la vas a abrir para mí. ?Entendido?
El hombre intentó responder, pero el cuchillo presionó un poco más fuerte.
—Ah, y antes de que pienses en hacer algo estúpido… déjame aclararte algo. Si detecto la mínima intención de escapar o alertar a alguien, te mataré aquí mismo. Luego quemaré tu cuerpo hasta que no quede nada. Ni siquiera los ratones tendrán qué roer.
La amenaza estaba cargada de un tono serio que hizo que el hombre se estremeciera. Tragó saliva y asintió rápidamente, con el sudor escurriendo por su frente.
—E-Está bien… ?Lo haré! Solo… por favor… no me mates…
Cáliban esbozó una leve sonrisa, aunque en sus ojos no había rastro de humor.
—Eso depende completamente de ti. ?Empezamos?
El hombre corpulento miró a Cáliban mientras el cuchillo presionaba su garganta. En sus ojos no vio a un ni?o, sino a una bestia fría, calculadora, y completamente carente de piedad. Tragó saliva y asintió frenéticamente, aceptando las órdenes del joven.
Mientras caminaban por los pasillos de la mansión, el hombre intentaba idear una salida.
?Esto es perfecto… le seguiré el juego por ahora. Cuando salgamos de aquí, llamaré a mis guardias y lo mataré de la peor manera posi-?
Sin embargo, sus pensamientos se detuvieron abruptamente. Al salir al patio, lo que vio lo dejó sin palabras. Los cuerpos de sus guardias yacían por todas partes. Había al menos treinta, bien armados, pero no mostraban signos de pelea o resistencia. Mezclados entre ellos estaban los cadáveres de varios bandidos.
—??Qué mierda es esto?! —gritó el hombre, mirando a su alrededor con incredulidad —?Cuándo nos emboscaron? ??Cómo pasó esto?!
Volvió su mirada hacia Cáliban, pero la expresión del joven permanecía impasible. Sin inmutarse, respondió:
—Sabes… planeo dejar este lugar y no me gusta dejar cabos sueltos. Mientras estudiaba para mi examen, aproveché para investigar un poco sobre los conflictos en los que estabas metido. También observé los horarios de cambio de guardias, los puntos ciegos de tu mansión y hasta tus tratos con otros grupos. Realmente deberían estar más alerta.
El rostro del hombre se tornó en horror. Su control había sido aniquilado antes de que pudiera reaccionar. Sabía que no tenía más remedio que guiar a Cáliban a la bóveda.
—Abre la bóveda… —ordenó el joven en voz baja, casi como un susurro.
El hombre obedeció, colocando su mano sobre un símbolo arcano. El sello se rompió y las pesadas puertas se abrieron, revelando una cámara llena de montones de oro, billetes y objetos valiosos.
Cáliban caminó lentamente hacia los cajones ordenados alfabéticamente. Buscó rápidamente hasta encontrar dos viales peque?os llenos de un líquido espeso y rojo. Al ver su propio reflejo en la sangre de sus padres, sonrió con amargura y dejó caer los frascos al suelo, aplastándolos sin titubear.
—Ya no te necesitan… —murmuró, mientras su mirada escudri?aba el resto de la bóveda.
Con calma metódica, comenzó a volcar los cajones, apilándolos para crear un caos absoluto. Los cajones, hechos de una madera importada costosa, ardían con una elegancia peculiar.
?Será una pena, pero no tengo un anillo de almacenamiento. Tomaré sólo lo que quepa en mi mochila?
Cáliban llenó su mochila con todo el oro que pudo, mientras el hombre corpulento observaba impotente. Un ruido en el exterior llamó su atención. Sus sentidos aún afilados detectaron movimientos.
—Parece que el tiempo de jugar se acabó… —dijo con una leve sonrisa.
Sin previo aviso, deslizó el cuchillo por la garganta del hombre, silenciándolo para siempre. El corpulento cobrador observó con ojos vidriosos cómo la vida se escapaba de su cuerpo, mientras el joven se dirigía hacia la salida prendiendo fuego a su alrededor. Sus pasos resonaron con calma por los pasillos.
Fuera de la mansión, los bandidos, que habían sido convocados por lo que pensaban era una traición de Marcus, discutían en voz baja mientras revisaban los cuerpos en el patio.
—?Estás seguro? —preguntó el líder con el ce?o fruncido.
—?Sí, se?or! Una carta del equipo A decía que Marcus había asesinado a los escuadrones B, C y D. Sus marcas están en todos los cadáveres.
El líder gru?ó con frustración.
—No puedo creer que haya hecho algo tan estúpido. ?Se suponía que teníamos un tratado! Entraré a hablar con él…
Cuando finalmente encontraron el despacho de Marcus, que por desgracia estaba vacío. Siguieron los rastros de sangre entre las peque?as llamas hasta la bóveda, donde descubrieron su cuerpo con el cuchillo clavado en el cuello. Uno de los bandidos tomó el arma y examinó el mango.
—Se?or, este cuchillo… es de alguien del equipo B.
De repente, uno de sus subordinados entró corriendo a avisar.
—?Se?or!! ?Son los guardias, alguien los llamó!
—?Maldición! Todos corran a los caballos y salgamos de aquí
Mientras el incendio consumía la villa, el caos se intensificaba. Las llamas rugían con fuerza, iluminando la noche, mientras los guardias armados irrumpían en la mansión con gritos resonando por todos los rincones.
—?Busquen alrededor! ?No dejen que ningún bandido se escape!
Los bandidos, tomados por sorpresa, corrieron hacia sus caballos en una huida desesperada. Apenas lograron salir ilesos, con el fuego lamiendo sus talones y los gritos de los guardias persiguiéndolos.
De vuelta en el campamento de los bandidos, el líder golpeó la mesa con furia. Su rostro estaba rojo de cólera mientras lanzaba una mirada asesina a sus subordinados.
—?Maldita sea! —gru?ó, su voz resonó como un trueno en la habitación —?No me importa quién haya sido! ?Voy a matarlo! ?Quiero que investiguen quién provocó el ataque y me traigan su cabeza!
Sus subordinados asintieron con miedo, inclinándose antes de salir corriendo del despacho. Afuera, la atmósfera del campamento estaba cargada de tensión. Desde la maleza cercana, Cáliban observaba cada movimiento con ojos calculadores.
—Así que es aquí, ?Eh? —murmuró para sí mismo, escondido entre las sombras.
Había seguido a los bandidos desde la villa hasta su escondite. Todo iba según su plan. Durante los días que pasó estudiando para el examen, también había recopilado información detallada sobre Marcus y sus tratos con los bandidos.
El plan era claro: debía eliminar a los miembros de los equipos de bandidos con los que Marcus había formado tratados de no agresión. Usando sus cuerpos y armas, simuló una emboscada en la residencia de Marcus, haciendo que todo pareciera una ri?a entre aliados traicionados.
El ataque en la villa había sido preciso. Cáliban había recolectado todos los libros de cuentas y registros de Marcus, junto con un peque?o cristal rojo, una bomba rudimentaria utilizada comúnmente como fuegos artificiales. Aunque su explosión era limitada, era perfecta para encender el caos que planeaba. Colocó los registros y los libros de cuentas sobre una pila de le?a cuidadosamente preparada para que no ardieran de inmediato, posicionando el cristal en el centro y programándolo para explotar en unas horas. Con todo en su lugar, se retiró para dejar que los eventos siguieran su curso.
A la ma?ana siguiente, los titulares de los periódicos estaban repletos de noticias sobre la masacre en la villa de Marcus. Los ciudadanos hablaban de los guardias que casi atraparon a los culpables en el acto y de cómo todos los libros de cuentas habían desaparecido misteriosamente. Las familias que habían sido víctimas de los enga?os de Marcus celebraban con alivio.
Mientras tanto, Cáliban se despertó en su habitación de posada. El dinero que había tomado le había permitido un breve respiro de comodidad. Tras vestirse y comer algo, salió con calma, repasando mentalmente los resultados.
?La segunda parte del plan salió bien… ahora es momento de la tercera parte.?
En el campamento de los bandidos de Gida, el líder discutía acaloradamente con sus subordinados. El líder apretó los dientes con rabia, pero antes de que pudiera reaccionar, otro bandido irrumpió en la sala.
—?Me están diciendo que buscaron por todas partes y no encontraron nada? —rugió, golpeando la mesa —?Ni siquiera una pista sobre el verdadero culpable de la masacre!
Uno de sus hombres asintió, claramente nervioso.
—Se?or, interrogamos a todos los agentes y vecinos cercanos. Nadie vio nada… ni siquiera una sombra. Nosotros...
Antes de que pudiera terminar, otro bandido irrumpió corriendo en el despacho.
—?Se?or! ?La guardia está en la entrada de la guarida!
—?Qué? —El líder se levantó de golpe, incrédulo —?Por qué demonios estarían aquí…?
Antes de que pudiera terminar, la puerta se abrió de golpe y un escuadrón de guardias irrumpió con armas desenfundadas.
—?Arresten a todos los bandidos y escoltenlos a la prisión! —ordenó el capitán de los guardias, su voz era firme y autoritaria —Hemos encontrado registros de cuentas quemados en su campamento, junto con evidencia de sus crímenes. ?No pueden escapar de esto!
El líder intentó protestar, pero un guardia lo golpeó en la cabeza, dejándolo inconsciente. Uno a uno, los bandidos fueron sometidos, esposados y escoltados hacia el pueblo, donde enfrentarían un juicio y, seguramente, la ejecución.
Cáliban observaba la escena desde lejos, escondido en las sombras de los árboles cercanos. Una sonrisa fría cruzó su rostro al ver cómo la tercera parte de su plan se ejecutaba perfectamente.
?Y así, el tablero está limpio. Marcus, tus aliados, tus registros… todo eliminado. Ahora, puedo moverme libremente.?
Antes de partir, Cáliban se dirigió al cuartel de los guardias en la ciudad para cobrar su recompensa.
Horas antes, en la madrugada, Cáliban había informado a la guardia de una columna de humo en el bosque cercano. Su denuncia parecía una simple casualidad, pero fue suficiente para que los guardias investigaran y descubrieran la guarida de los bandidos. Todo había salido exactamente como él lo planeó.
De vuelta en el cuartel de la guardia, un oficial le entregó una bolsa de oro como recompensa.
—?Ah! Eres el joven que nos alertó sobre los bandidos. Gracias a ti pudimos capturarlos. Sin tu ayuda, habrían seguido causando estragos.
—Fue un placer ayudar, se?or… —respondió Cáliban, con una leve sonrisa mientras guardaba la bolsa.
Al día siguiente, los periódicos de la ciudad estaban repletos de titulares sobre la masacre en la villa de Marcus y la captura de los bandidos de Gida. La desaparición de los libros de cuentas y registros liberó a muchas familias de sus deudas, y el nombre de Marcus quedó manchado para siempre.
Cáliban despertó en su cómoda cama en la posada, satisfecho con los resultados de su plan. Después de vestirse y comer, salió hacia la plaza principal para conocer los resultados del examen.
Mientras caminaba, disfrutando de la brisa marina, observó cómo las calles se llenaban de familias y jóvenes emocionados. Había risas, gritos y nerviosismo en el aire, pero Cáliban mantenía su calma habitual.
Al llegar a la plaza, un guardia subió al estrado, respirando profundamente antes de anunciar:
—?Los resultados del examen de ingreso a la Academia Grand Delion serán anunciados ahora mismo!
El guardia continuó anunciando los nombres con entusiasmo, mientras la multitud escuchaba con atención.
—?Los siguientes participantes son los primeros de la lista! Por lo tanto, sus gastos de viaje e inscripción a la segunda prueba serán cubiertos por la academia. Comenzamos con el puesto número 10…
Uno a uno, los nombres fueron llamados. Los jóvenes mencionados avanzaban hacia el frente, entre aplausos y vítores de sus familiares y amigos. Finalmente, el guardia llegó al último nombre en la lista.
—?Y el puesto número 1 es para Mika’el Cáliban! ?Felicidades a todos los postulados y buena suerte en la segunda prueba!
Un murmullo recorrió a la multitud mientras Cáliban avanzaba con calma hacia la fila. Su mirada permanecía impasible, pero en su interior había una chispa de satisfacción por haber ejecutado esta parte de su plan a la perfección. Sin embargo, justo antes de que llegara a la fila, un hombre salió abruptamente de entre la multitud, gritando furioso.
—?Eso no puede ser cierto! —exclamó, se?alando a Cáliban con el dedo —Yo conozco a ese ni?o, y es imposible que haya pasado el examen. ?Seguramente utilizó algún truco o trampa para quedar en el primer puesto!
La multitud se volvió hacia el hombre, sorprendida por su arrebato. Algunos comenzaron a murmurar entre ellos, evaluando las acusaciones.
—?Solo es un huérfano que no tiene nada! —a?adió, con veneno en su voz, mirando a Cáliban como si fuera una escoria.
Cáliban se detuvo en seco, levantando una ceja mientras lo observaba con curiosidad. En su mente, sus pensamientos eran claros:
?Bueno… esto podría ser interesante.?

